domingo, 16 de septiembre de 2007

Auto-rechazo

Hay gays y lesbianas que inhiben sus aspiraciones a conseguir determinado puesto de trabajo, tener una pareja estable, o hijos. Otros boicotean, permanentemente, todo lo que puede acercarlos al bienestar, a una vida armónica consigo mismos y con los otros. Son muchos los que viven excesivamente aislados, infravalorando sus capacidades intelectuales y emocionales. En ocasiones se les ocurre fantasear con la idea de redirigir la vida hacia una heterosexualidad imaginaria. Algunos no practican sexo seguro, a pesar de estar bien informados sobre los riesgos que corren.
Estos pueden ser signos de la falta de aceptación de sí mismos; y no sólo un resultado simple o automático de los obstáculos que se encuentran en la realidad.
El auto-rechazo toma formas sutiles, que podemos detectar al pasar por situaciones que nos producen culpa o vergüenza y que creeríamos vivir sin especial dificultad si fuéramos heterosexuales.
El niño que luego llegará a ser un adulto gay, recibe continuamente mensajes que le refuerzan en la idea de que “no se puede ser homosexual”. La vida está montada, proyectada, hacia la heterosexualidad. Los padres y los círculos sociales que rodean al niño van ofreciendo modelos con los que identificarse en los que no se integra la posibilidad de ser gay o lesbiana; no se piensa que se pueda ser padre, abogado, mecánico, bombero, y además gay.
Uno no sabe lo que es bueno o malo por sí mismo hasta que es adulto, mientras tanto ve las cosas con los ojos de los demás. ¿Con qué imagen de sí mismo convive el niño que se percibe “diferente” si lo que desea (y no puede elegir) recibe nombres tan temidos como “mariquita” o “tortillera”?
Llegar a ver lo homosexual como algo bueno y deseable es el fruto de un proceso largo y denso, en el que nos deshacemos de los mensajes negativos recibidos y de las falsas creencias que los sustentan. Estos mensajes los tenemos grabados con tanta intensidad que pasamos muchos años en la tarea de borrarlos. Y no sólo son mensajes, sino hábitos de comportamiento (por ejemplo: restricción en la expresión de los afectos) y actitudes que compensan la propia desvalorización (como una excesiva preocupación por la apariencia personal).
Con cierta frecuencia, muchos gays asumen como un hecho incontrovertible que no es posible llevar una vida feliz siendo gays. Es una tarea importante y enriquecedora preguntarse por cómo el auto-rechazo afecta a la propia vida, y ver qué cambios podrían realizarse para mejorar el concepto que se tiene de uno mismo como persona.

junio de 2001
publicado en Zero nº 29

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