Creación de grupos de jóvenes para seguir siendo seronegativos
Las estadísticas de prácticas de riesgo entre adolescentes son apabullantes.(En algún estudio se muestra que más de un 40% de chicos gays,sexualmente activos, han practicado coitos anales sin preservativos, en el año anterior). Esto hace que las posibilidades de contagio sean bastante altas entre la población que se inicia en el sexo.
Muchos chicos piensan que si practican sexo con otros bastante jóvenes, o guapos y con apariencia fuerte y sana, es imposible que se contagien. O simplemente piensan con mentalidad adolescente(¡a mí no me va a pasar!); o asumen riesgos, de forma extrema, sin medir posibles consecuencias.O no quieren desaprovechar una oportunidad,(¡con el trabajo que me ha costado conseguirla!).O están muy pedos de alcohol o drogas y no pueden tomar decisiones responsables.
Una posibilidad de conseguir permanecer seronegativos, es la participación en grupos de adolescentes, en los que se hable de las dudas sobre las prácticas sexuales y el sexo seguro.Y del uso del alcohol y drogas en sus momentos de diversión. De como usar los preservativos de forma adecuada. De como evitar situaciones en las que no se pueda controlar. De como negociar el sexo seguro con la otra persona y no dejarse llevar por las circunstancias. Y hacer un trabajo de concienciación sobre la importancia del contagio del VIH y otras Enfermedades de Transmisión Sexual.Y aclarar mitos o errores sobre la sexualidad en general.
El ver que es una preocupación de otros iguales, ayuda a identificarse con la actitud de autoprotección, y que el usar preservativos es "cool", así como las prácticas seguras. Y que es mejor no hacer, que hacer mal, para uno.
En EEUU exiten unos grupos llamados Mpowerment Project.(http://www.mpowerment.org/) que podrían servir de modelo a esta propuesta.
Estos grupos los pueden proponer profesores, asociaciones gays, grupos antisida, o cualquier organización que trabaje por la salud de adolescentes y jóvenes gays.
Blog personal con artículos publicados en revistas, críticas de cine y algunas entradas específicas dedicados a temas de psicología y pareja, en gran parte relacionados con el tema de la orientación sexual.
sábado, 27 de septiembre de 2008
lunes, 22 de septiembre de 2008
Marcado incremento de la esperanza de vida de las personas con VIH
Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH
La noticia del día
19-09-2008
Marcado incremento en la esperanza de vida de las personas con VIH
Iniciar la terapia antirretroviral con más de 200 CD4 se muestra como un buen factor de predicción
Francesc Martínez - 19/09/2008
Sobre la esperanza de vida de las personas con VIH en la era de la terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA) se han realizado un número limitado de estudios. Además, los continuos cambios terapéuticos han ido dejando obsoletos los resultados obtenidos. Con la intención de obtener un análisis actualizado de la esperanza de vida, se publicaron en The Lancet, en la edición de 26 de julio, los resultados de un análisis de 14 cohortes de pacientes de países occidentales donde hay acceso a TARGA. (terapia antirretroviral de gran actividad)
Un equipo internacional de investigadores aunó esfuerzos para revisar los registros de más de 43.000 personas con VIH de EE UU, Canadá y algunos países europeos. Los requisitos para ser incluidos en el estudio fueron tener una edad mínima de 16 años y ser naive respecto a cualquier tratamiento anti-VIH, en el momento de empezar a tomar la TARGA. Los registros se agruparon, según el momento de inicio de esta terapia antirretroviral de gran actividad, en los periodos siguientes: 1996-1999, 2000-2002 ó 2003-2005. Los datos se estratificaron según sexo, recuento de CD4 al comienzo del tratamiento e historial de la persona respecto al uso de drogas inyectables.
Los autores del estudio predijeron que una persona que inició la TARGA a los 20 años, entre 1996 y 1999, tendría una esperanza de vida de 56 años. Por otro lado, calcularon que una persona que la empezó a los 20 años, entre 2003 y 2005, podría vivir hasta los 69. Los investigadores sugirieron que las personas que comenzaron la TARGA con un recuento de CD4 de 100 células/mm3 verán su esperanza de vida reducida unos diez años al ser comparados con aquéllos que la iniciaron por encima de 200 células/mm3. También se predijo una reducción de diez años en la esperanza de vida de los usuarios de drogas inyectables (UDI) respecto a aquéllos que nunca las han utilizado.
El promedio de la esperanza de vida en los países industrializados para una persona sin VIH es de unos 80 años.
Cabe destacar que los continuos avances terapéuticos incrementarán la esperanza de vida durante los próximos años, por lo que los valores aportados por el estudio deben tomarse con reservas. No obstante, los resultados del análisis nos permiten observar una clara tendencia a la mejora. Además, el doctor David Cooper, del Hospital Universitario de Nueva Gales del Sur en Sydney (Australia), manifestó que iniciar la TARGA con un recuento de CD4 mayor, como por ejemplo 500 células/mm3, podría acercar todavía más la esperanza de vida de las personas con VIH a la de la población general.
El aspecto negativo es que estos resultados llevan a la reflexión sobre la necesidad del acceso universal a la mayor cantidad de fármacos diferentes posible, ya que en la posibilidad del uso de un mayor número de antirretrovirales radica la capacidad de incrementar la esperanza de vida. Desgraciadamente, en la mayor parte del mundo se está todavía muy lejos de los países analizados en este estudio.
Fuente: AIDSmeds.com.
Referencia: Antiretroviral Therapy Cohort Collaboration. Life expectancy of individuals on combination antiretroviral therapy in high-income countries: a collaborative analysis of 14 cohort studies. The Lancet. Jul 26, 2008; 372(9.635): 293-299.
"La Noticia del Día" es un servicio gratuito de información en español sobre tratamientos del VIH.
Puedes subscribirte en http://www.gtt-vih.org/actualizate/suscripciones o darte de baja en http://www.gtt-vih.org/actualizate/cancelar_suscripcion.
Las noticias anteriores pueden consultarse en nuestro sitio de internet: www.gtt-vih.org. Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt). Barcelona (España). Con el apoyo de la Secretaría del Plan Nacional del SIDA. Ministerio de Sanidad y Consumo (España). http://www.msc.es/ciudadanos/enfLesiones/enfTransmisibles/sida/home.htm
La noticia del día
19-09-2008
Marcado incremento en la esperanza de vida de las personas con VIH
Iniciar la terapia antirretroviral con más de 200 CD4 se muestra como un buen factor de predicción
Francesc Martínez - 19/09/2008
Sobre la esperanza de vida de las personas con VIH en la era de la terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA) se han realizado un número limitado de estudios. Además, los continuos cambios terapéuticos han ido dejando obsoletos los resultados obtenidos. Con la intención de obtener un análisis actualizado de la esperanza de vida, se publicaron en The Lancet, en la edición de 26 de julio, los resultados de un análisis de 14 cohortes de pacientes de países occidentales donde hay acceso a TARGA. (terapia antirretroviral de gran actividad)
Un equipo internacional de investigadores aunó esfuerzos para revisar los registros de más de 43.000 personas con VIH de EE UU, Canadá y algunos países europeos. Los requisitos para ser incluidos en el estudio fueron tener una edad mínima de 16 años y ser naive respecto a cualquier tratamiento anti-VIH, en el momento de empezar a tomar la TARGA. Los registros se agruparon, según el momento de inicio de esta terapia antirretroviral de gran actividad, en los periodos siguientes: 1996-1999, 2000-2002 ó 2003-2005. Los datos se estratificaron según sexo, recuento de CD4 al comienzo del tratamiento e historial de la persona respecto al uso de drogas inyectables.
Los autores del estudio predijeron que una persona que inició la TARGA a los 20 años, entre 1996 y 1999, tendría una esperanza de vida de 56 años. Por otro lado, calcularon que una persona que la empezó a los 20 años, entre 2003 y 2005, podría vivir hasta los 69. Los investigadores sugirieron que las personas que comenzaron la TARGA con un recuento de CD4 de 100 células/mm3 verán su esperanza de vida reducida unos diez años al ser comparados con aquéllos que la iniciaron por encima de 200 células/mm3. También se predijo una reducción de diez años en la esperanza de vida de los usuarios de drogas inyectables (UDI) respecto a aquéllos que nunca las han utilizado.
El promedio de la esperanza de vida en los países industrializados para una persona sin VIH es de unos 80 años.
Cabe destacar que los continuos avances terapéuticos incrementarán la esperanza de vida durante los próximos años, por lo que los valores aportados por el estudio deben tomarse con reservas. No obstante, los resultados del análisis nos permiten observar una clara tendencia a la mejora. Además, el doctor David Cooper, del Hospital Universitario de Nueva Gales del Sur en Sydney (Australia), manifestó que iniciar la TARGA con un recuento de CD4 mayor, como por ejemplo 500 células/mm3, podría acercar todavía más la esperanza de vida de las personas con VIH a la de la población general.
El aspecto negativo es que estos resultados llevan a la reflexión sobre la necesidad del acceso universal a la mayor cantidad de fármacos diferentes posible, ya que en la posibilidad del uso de un mayor número de antirretrovirales radica la capacidad de incrementar la esperanza de vida. Desgraciadamente, en la mayor parte del mundo se está todavía muy lejos de los países analizados en este estudio.
Fuente: AIDSmeds.com.
Referencia: Antiretroviral Therapy Cohort Collaboration. Life expectancy of individuals on combination antiretroviral therapy in high-income countries: a collaborative analysis of 14 cohort studies. The Lancet. Jul 26, 2008; 372(9.635): 293-299.
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Las noticias anteriores pueden consultarse en nuestro sitio de internet: www.gtt-vih.org. Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt). Barcelona (España). Con el apoyo de la Secretaría del Plan Nacional del SIDA. Ministerio de Sanidad y Consumo (España). http://www.msc.es/ciudadanos/enfLesiones/enfTransmisibles/sida/home.htm
Video informativo sobre VIH, SIDA
Este vídeo explica bastante claramente en que consiste el VIH, el SIDA, como se transmite y como prevenirlo.
Puede resultar un poco raro escuchar VIH como BIH, pero es como lo dicen en Venezuela.
lunes, 15 de septiembre de 2008
Volver a cambiar de acera
No es muy frecuente, pero algunos gays y lesbianas deciden, en algún momento de su vida, “cambiar de acera”, hacia lo que consideran una “vida normal”. Desean tener familia y niños, pero por la vía tradicional. Pasan de vivir su homosexualidad a una heterosexualidad asumida como lo deseable, el ideal perdido, o la única realidad social posible (para ellos).
De estos casos se habla poco, pues muchas veces se les hace un cierto ostracismo entre los propios gays, o porque, ellos mismos, se apartan como si pudieran volver a “contagiarse” de los deseos que han tenido que dejar atrás voluntariamente.
En algunos casos puede que sean bisexuales, que viven su bisexualidad de manera diacrónica: ahora soy gay, luego hetero, más tarde, quizás, otra vez vuelvo a tener una vida gay en encuentros casuales…
Lo triste de todo esto es que se tenga que vivir como situaciones excluyentes: o soy una cosa o soy otra. Cuando la identidad sexual no siempre es algo fijo y estable.
Algunos viven historias de amor con una persona del mismo sexo y se consideran a sí mismos como heteros, pues en el caso de cortar buscarían, esta vez, una pareja del otro sexo.
Lo complicado para ellos es como integrar estos vaivenes en sus vidas y poder ser entendidos por sus parejas nuevas y antiguas. Y por el entorno que les rodea.
Es muy común que al que pasa a tener una relación hetero se le califique de “gay encubierto”. Que se piense que no se acepta y que lo que está haciendo es engañarse durante algún tiempo, pero que antes o después la cosa explotará y volverá a tener relaciones gays.
Esto no es así en todos los casos, aunque pueda serlo en algunos. Probablemente vivan mucha presión social y no se llegan a aceptar como gays. Son estos los que, todavía (en una época de normalización gay) piden tratamiento para reorientar su sexualidad, huyen de sus propios sentimientos y se aferran a una relación con una persona del otro sexo, que les “normaliza” su vida social y personal.
La variabilidad humana es infinita y no deberíamos tener prejuicios si alguien nos cuenta que está pensando en este cambio.
¿Por qué no podemos aceptar que un amigo gay se vuelva hetero? Cuando, curiosamente pedimos que nuestros amigos heteros nos acepten cuando viven nuestro descubrimiento de que somos gays o nuestra salida de armario.
Probablemente una causa de ese rechazo sea debido al esfuerzo enorme que hemos tenido que hacer para aceptarnos como gays, decirlo en nuestro entorno y salir del armario. Podría ser vivido como una especie de traición a nuestra causa. Pero lo que para muchos no es una elección, pues nos vemos compelidos a vivir nuestro deseo unidireccional, para otros es más ambiguo o es bidireccional y pueden volver sobre el camino andado, quizás para siempre.
Si no estuvieramos tan marcados por el heterosexismo, que fuerza a delimitar en dos únicos grupos, gays y heteros, las posibles orientaciones sexuales, veríamos que es posible una gran variabilidad en la línea del continuum del que hablaba Kinsey, existiendo muchos grados entre dos extremos: de homosexualidad exclusiva y heterosexualidad exclusiva.
Reivindiquemos libertad para todos, incluso para los que sientan o piensen que quieren volver a cambiar de acera una vez más. Tendríamos que pensar que en vez de caminar por dos aceras excluyentes, por donde vamos es por una “zona peatonal” que permite situarse en lugares diversos que no se oponen, y que permiten mucho juego si ese es nuestro deseo.
abril 2007
Zero 97
De estos casos se habla poco, pues muchas veces se les hace un cierto ostracismo entre los propios gays, o porque, ellos mismos, se apartan como si pudieran volver a “contagiarse” de los deseos que han tenido que dejar atrás voluntariamente.
En algunos casos puede que sean bisexuales, que viven su bisexualidad de manera diacrónica: ahora soy gay, luego hetero, más tarde, quizás, otra vez vuelvo a tener una vida gay en encuentros casuales…
Lo triste de todo esto es que se tenga que vivir como situaciones excluyentes: o soy una cosa o soy otra. Cuando la identidad sexual no siempre es algo fijo y estable.
Algunos viven historias de amor con una persona del mismo sexo y se consideran a sí mismos como heteros, pues en el caso de cortar buscarían, esta vez, una pareja del otro sexo.
Lo complicado para ellos es como integrar estos vaivenes en sus vidas y poder ser entendidos por sus parejas nuevas y antiguas. Y por el entorno que les rodea.
Es muy común que al que pasa a tener una relación hetero se le califique de “gay encubierto”. Que se piense que no se acepta y que lo que está haciendo es engañarse durante algún tiempo, pero que antes o después la cosa explotará y volverá a tener relaciones gays.
Esto no es así en todos los casos, aunque pueda serlo en algunos. Probablemente vivan mucha presión social y no se llegan a aceptar como gays. Son estos los que, todavía (en una época de normalización gay) piden tratamiento para reorientar su sexualidad, huyen de sus propios sentimientos y se aferran a una relación con una persona del otro sexo, que les “normaliza” su vida social y personal.
La variabilidad humana es infinita y no deberíamos tener prejuicios si alguien nos cuenta que está pensando en este cambio.
¿Por qué no podemos aceptar que un amigo gay se vuelva hetero? Cuando, curiosamente pedimos que nuestros amigos heteros nos acepten cuando viven nuestro descubrimiento de que somos gays o nuestra salida de armario.
Probablemente una causa de ese rechazo sea debido al esfuerzo enorme que hemos tenido que hacer para aceptarnos como gays, decirlo en nuestro entorno y salir del armario. Podría ser vivido como una especie de traición a nuestra causa. Pero lo que para muchos no es una elección, pues nos vemos compelidos a vivir nuestro deseo unidireccional, para otros es más ambiguo o es bidireccional y pueden volver sobre el camino andado, quizás para siempre.
Si no estuvieramos tan marcados por el heterosexismo, que fuerza a delimitar en dos únicos grupos, gays y heteros, las posibles orientaciones sexuales, veríamos que es posible una gran variabilidad en la línea del continuum del que hablaba Kinsey, existiendo muchos grados entre dos extremos: de homosexualidad exclusiva y heterosexualidad exclusiva.
Reivindiquemos libertad para todos, incluso para los que sientan o piensen que quieren volver a cambiar de acera una vez más. Tendríamos que pensar que en vez de caminar por dos aceras excluyentes, por donde vamos es por una “zona peatonal” que permite situarse en lugares diversos que no se oponen, y que permiten mucho juego si ese es nuestro deseo.
abril 2007
Zero 97
miércoles, 27 de agosto de 2008
¡Cuestión de orgullo!
O como construir una identidad gay saludable
Todavía hay gente homosexual a la que el hecho de que se les hable del Orgullo Gay les rechina, o les molesta. Como si no fuera necesario conmemorar un día de lucha por la causa homosexual. Igual lo asocian con una marchas en las que abundan gente con pluma, o disfrazada festivamente (“que escandalizan, y no ayudan a la normalización”, dirían estos), o consideran que ser gay es un asunto que solo tiene que ver con lo que haces en la cama, y, “eso, ¿a quién le importa?”
Creo que es muy importante hablar de Orgullo Gay, porque tenemos que tener en cuenta nuestra historia, y saber cómo hemos llegado al momento presente. Y que para llegar aquí han hecho falta décadas de lucha. Que hemos sufrido siglos de oprobio y violencia. Que nos han tratado como monstruos o seres de segunda.
Los logros actuales de tipo social o político, no han llegado llovidos del cielo, o por la gracia benefactora de nuestros últimos gobiernos. Los hemos conseguido luchando, siendo visibles y el terreno ganado hay que seguir manteniéndolo, firmemente, si no queremos que nos lo coman los reaccionarios o los desinformados.
Hay que insistir en estar orgullosos de ser gays, para potenciar una visión positiva de nosotros mismos, ante los demás y frente a la auto-negatividad y la homofobia interiorizada. En general, y son muy pocos a los que no les ocurre esto, la gente acepta su homosexualidad a través de un proceso duro, de aclaramiento personal, de lucha contra la idea de ser de esta manera. Acompañados de sentimientos de vergüenza o de culpa, por ser así. Y cuesta aceptarse del todo.
Esta culpa y esta vergüenza, nos llevan a intentar mantener en secreto nuestras dudas o inquietudes sobre nuestra verdadera identidad. Y nos marcan una forma de comportamiento y estilos de ser, en los que predomina, usualmente, cierta desconfianza, cierta sensación de falta de derechos, la tendencia a complacer, tener miedos…
Nuestros adolescentes LGTB siguen sufriendo esta vergüenza y esta culpa, en un grado que parecería extraño, teniendo en cuenta los avances políticos o sociales. Pero no hay tanto avance, cuando vemos el grado de homofobia en nuestros centros escolares, o las tasas de suicidio entre adolescentes, por motivos de orientación sexual. Cada adolescente se plantea su vida como un ser único, y en principio, siente poca ayuda a sentirse seguro de su orientación sexual, y no está seguro de que va a seguir siendo querido y apoyado por la familia, los amigos, los profesores… La mayoría de los adolescentes se encuentran con la duda de si sus padres los aceptarán, o de si sus compañeros no les harán ostracismo. Ellos mismos saben que la familia puede estar políticamente de acuerdo con la homosexualidad, pero no van a estar de acuerdo si es la de un hijo o hija. Lo mismo los amigos.
Por eso, tras toda esa lucha por conseguir una identidad sana y segura, integrada en nuestro ambiente social, lo menos que podemos sentirnos es orgullosos de todo el proceso realizado, de haber conseguido logros que nos parecían imposibles (asumirnos como gays o lesbianas), y que no renunciamos a ser nosotros mismos, en todo lugar y situación. Sentir vergüenza o culpa sería darles la razón a aquellos que, a sabiendas (los reaccionarios), o sin mala voluntad (algunos familiares), nos han maltratado, han abusado de nosotros emocionalmente (al pretender que fueramos de otra forma y al denigrarnos y desvalorizarnos por ser gays o lesbianas).
Lo que tenemos que sentir es orgullo de ser como somos, y no avergonzarnos ni un ápice, y menos culparnos de nada. Los que se tienen que sentir culpables o avergonzarse, son aquellos que nos han rechazado e insultado, fueran familiares, o los que pretendían ser nuestros amigos.
Cuando uno está orgulloso, se valora, se reivindica en cada gesto espontáneo de su comportamiento. Y si a alguien le molesta ese orgullo, es por su homofobia y no concibe que uno esté orgulloso de ser, naturalmente, como es: de una manera estupenda de ser, que uno no escoge nunca, que no es una “opción sexual”, sino una orientación, tan buena o tan sana como cualquier otra. Y que conforma un ejemplo de la diversidad del ser humano. Y dentro de los propios gays y lesbianas hay una inmensa diversidad que también hay que respetar, aunque a algunos les moleste, porque crean que no nos acerca a ser “normales”. Es preferible ser un “anormal” a ser un intolerante o un homófobo.
junio 2008
Zero 109
Todavía hay gente homosexual a la que el hecho de que se les hable del Orgullo Gay les rechina, o les molesta. Como si no fuera necesario conmemorar un día de lucha por la causa homosexual. Igual lo asocian con una marchas en las que abundan gente con pluma, o disfrazada festivamente (“que escandalizan, y no ayudan a la normalización”, dirían estos), o consideran que ser gay es un asunto que solo tiene que ver con lo que haces en la cama, y, “eso, ¿a quién le importa?”
Creo que es muy importante hablar de Orgullo Gay, porque tenemos que tener en cuenta nuestra historia, y saber cómo hemos llegado al momento presente. Y que para llegar aquí han hecho falta décadas de lucha. Que hemos sufrido siglos de oprobio y violencia. Que nos han tratado como monstruos o seres de segunda.
Los logros actuales de tipo social o político, no han llegado llovidos del cielo, o por la gracia benefactora de nuestros últimos gobiernos. Los hemos conseguido luchando, siendo visibles y el terreno ganado hay que seguir manteniéndolo, firmemente, si no queremos que nos lo coman los reaccionarios o los desinformados.
Hay que insistir en estar orgullosos de ser gays, para potenciar una visión positiva de nosotros mismos, ante los demás y frente a la auto-negatividad y la homofobia interiorizada. En general, y son muy pocos a los que no les ocurre esto, la gente acepta su homosexualidad a través de un proceso duro, de aclaramiento personal, de lucha contra la idea de ser de esta manera. Acompañados de sentimientos de vergüenza o de culpa, por ser así. Y cuesta aceptarse del todo.
Esta culpa y esta vergüenza, nos llevan a intentar mantener en secreto nuestras dudas o inquietudes sobre nuestra verdadera identidad. Y nos marcan una forma de comportamiento y estilos de ser, en los que predomina, usualmente, cierta desconfianza, cierta sensación de falta de derechos, la tendencia a complacer, tener miedos…
Nuestros adolescentes LGTB siguen sufriendo esta vergüenza y esta culpa, en un grado que parecería extraño, teniendo en cuenta los avances políticos o sociales. Pero no hay tanto avance, cuando vemos el grado de homofobia en nuestros centros escolares, o las tasas de suicidio entre adolescentes, por motivos de orientación sexual. Cada adolescente se plantea su vida como un ser único, y en principio, siente poca ayuda a sentirse seguro de su orientación sexual, y no está seguro de que va a seguir siendo querido y apoyado por la familia, los amigos, los profesores… La mayoría de los adolescentes se encuentran con la duda de si sus padres los aceptarán, o de si sus compañeros no les harán ostracismo. Ellos mismos saben que la familia puede estar políticamente de acuerdo con la homosexualidad, pero no van a estar de acuerdo si es la de un hijo o hija. Lo mismo los amigos.
Por eso, tras toda esa lucha por conseguir una identidad sana y segura, integrada en nuestro ambiente social, lo menos que podemos sentirnos es orgullosos de todo el proceso realizado, de haber conseguido logros que nos parecían imposibles (asumirnos como gays o lesbianas), y que no renunciamos a ser nosotros mismos, en todo lugar y situación. Sentir vergüenza o culpa sería darles la razón a aquellos que, a sabiendas (los reaccionarios), o sin mala voluntad (algunos familiares), nos han maltratado, han abusado de nosotros emocionalmente (al pretender que fueramos de otra forma y al denigrarnos y desvalorizarnos por ser gays o lesbianas).
Lo que tenemos que sentir es orgullo de ser como somos, y no avergonzarnos ni un ápice, y menos culparnos de nada. Los que se tienen que sentir culpables o avergonzarse, son aquellos que nos han rechazado e insultado, fueran familiares, o los que pretendían ser nuestros amigos.
Cuando uno está orgulloso, se valora, se reivindica en cada gesto espontáneo de su comportamiento. Y si a alguien le molesta ese orgullo, es por su homofobia y no concibe que uno esté orgulloso de ser, naturalmente, como es: de una manera estupenda de ser, que uno no escoge nunca, que no es una “opción sexual”, sino una orientación, tan buena o tan sana como cualquier otra. Y que conforma un ejemplo de la diversidad del ser humano. Y dentro de los propios gays y lesbianas hay una inmensa diversidad que también hay que respetar, aunque a algunos les moleste, porque crean que no nos acerca a ser “normales”. Es preferible ser un “anormal” a ser un intolerante o un homófobo.
junio 2008
Zero 109
lunes, 28 de julio de 2008
Decir que no
Algunas personas tienen una especial dificultad para decir que NO y están continuamente cediendo en sus derechos (tiempo, dinero, energía…) simplemente por que se lo piden. El problema es que antes de poder pensarlo ya han dicho que sí, han cedido el terreno, o han dado lo que sea. Sin saber porqué.
Las personas con esta dificultad, generalmente tienen problemas para ponerse en su sitio y valorarse adecuadamente. Les crea culpa no satisfacer los deseos del otro. Sienten que agreden cuando se niegan a dar. O tienen un miedo inconsciente al otro en general, lo que les lleva a intentar agradar como sea, para que el otro no les rechace, les abandone o les ataque…
Antes o después se dan cuenta que no se puede ir por la vida así: Escuchando a vendedores telefónicos que no interesan y accediendo a darles los datos personales cuando lo que se querría es colgar. Teniendo que prestar cosas a un vecino gorrón, que siempre las devuelve estropeadas. Aceptando chantajes emocionales por miedo al abandono.
Para poder sobrevivir con uno mismo, aprenden a justificarse con frases como: “si dejo a mi novio coge una depresión”, “si no le presto la escalera al vecino cualquier día me hace algo en venganza”.
No podemos vivir con ese temor a desagradar, a frustrar los deseos de los demás. Porque antes o después ocurrirá. Con lo cual el límite es mejor ponerlo ya y aprender a decir que no. Cuando uno lo hace, comprueba que es como una liberación increíble el no tener que aguantar a pelmazos, poder proteger su tiempo, o sus cosas, sin temer el abuso de los otros.
Hay personas a las que su desvalorización inconsciente no les permite afirmarse ante los demás, pues éstos siempre son superiores o tienen más derecho que uno. Si lo que sienten es “culpa”, tienen que estar haciéndose perdonar mediante esta renuncia de los derechos propios. Y si lo que tienen es miedo: dan o huyen del contacto de los demás, para no tener que verse obligados siempre a dar. En ese caso no puede haber confianza con nadie, pues se teme que el otro nos arrase o abuse, simplemente porque nos muestre su deseo o su petición.
En casos muy patológicos (es decir que este fenómeno se de constantemente y nos haga muy infelices) está indicada una psicoterapia. Pero en general se puede dar de forma leve o intermitentemente (en una época depresiva por ejemplo) Y tenemos que conocer el mecanismo que opera en nuestro caso (miedo, culpa o desvalorización) para poder comprender el fenómeno y ponerle remedio.
Es fundamental aprender a decir que no. Y siempre es mejor decir “lo pensaré”, para así poder darnos tiempo a rehacernos y apoyarnos en lo que sea (otra persona, una fórmula, un truco o incluso una justificación, como mal menor).
Hay libros de autoayuda que enseñan a librarse de gente que quieren vender algo que no deseamos, o que potencian la asertividad. Pueden sernos de ayuda para automatizar respuestas que nos defiendan tanto de manipuladores que necesiten sacarnos algo, como de nuestros propios impulsos a ceder. También puede ayudar el llevar un registro de situaciones en las que nos hemos visto obligados a ceder, para así poderlo luego revisar y analizar en momentos de mayor claridad.
Enero 2006
publicado en Zero 86
Las personas con esta dificultad, generalmente tienen problemas para ponerse en su sitio y valorarse adecuadamente. Les crea culpa no satisfacer los deseos del otro. Sienten que agreden cuando se niegan a dar. O tienen un miedo inconsciente al otro en general, lo que les lleva a intentar agradar como sea, para que el otro no les rechace, les abandone o les ataque…
Antes o después se dan cuenta que no se puede ir por la vida así: Escuchando a vendedores telefónicos que no interesan y accediendo a darles los datos personales cuando lo que se querría es colgar. Teniendo que prestar cosas a un vecino gorrón, que siempre las devuelve estropeadas. Aceptando chantajes emocionales por miedo al abandono.
Para poder sobrevivir con uno mismo, aprenden a justificarse con frases como: “si dejo a mi novio coge una depresión”, “si no le presto la escalera al vecino cualquier día me hace algo en venganza”.
No podemos vivir con ese temor a desagradar, a frustrar los deseos de los demás. Porque antes o después ocurrirá. Con lo cual el límite es mejor ponerlo ya y aprender a decir que no. Cuando uno lo hace, comprueba que es como una liberación increíble el no tener que aguantar a pelmazos, poder proteger su tiempo, o sus cosas, sin temer el abuso de los otros.
Hay personas a las que su desvalorización inconsciente no les permite afirmarse ante los demás, pues éstos siempre son superiores o tienen más derecho que uno. Si lo que sienten es “culpa”, tienen que estar haciéndose perdonar mediante esta renuncia de los derechos propios. Y si lo que tienen es miedo: dan o huyen del contacto de los demás, para no tener que verse obligados siempre a dar. En ese caso no puede haber confianza con nadie, pues se teme que el otro nos arrase o abuse, simplemente porque nos muestre su deseo o su petición.
En casos muy patológicos (es decir que este fenómeno se de constantemente y nos haga muy infelices) está indicada una psicoterapia. Pero en general se puede dar de forma leve o intermitentemente (en una época depresiva por ejemplo) Y tenemos que conocer el mecanismo que opera en nuestro caso (miedo, culpa o desvalorización) para poder comprender el fenómeno y ponerle remedio.
Es fundamental aprender a decir que no. Y siempre es mejor decir “lo pensaré”, para así poder darnos tiempo a rehacernos y apoyarnos en lo que sea (otra persona, una fórmula, un truco o incluso una justificación, como mal menor).
Hay libros de autoayuda que enseñan a librarse de gente que quieren vender algo que no deseamos, o que potencian la asertividad. Pueden sernos de ayuda para automatizar respuestas que nos defiendan tanto de manipuladores que necesiten sacarnos algo, como de nuestros propios impulsos a ceder. También puede ayudar el llevar un registro de situaciones en las que nos hemos visto obligados a ceder, para así poderlo luego revisar y analizar en momentos de mayor claridad.
Enero 2006
publicado en Zero 86
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sábado, 21 de junio de 2008
Abusos sexuales en la infancia
Los abusos sexuales en la infancia ocurren con una frecuencia mucho mayor de lo que se podría creer. Se calcula que uno de cada cinco hombres y una de cada cuatro mujeres, lo sufren. Y en todos los niveles sociales. Al ser algo tan doloroso y tan difícil de reconocer, tiende a olvidarse o a taparse para siempre.
Los abusos se pueden dar por alguien cercano al niño, empezando por el padre, la madre, algún hermano, primo o amigo mayor. Esto hace la tragedia mayor, pues es más difícil luchar contra lo que pasa si con la persona que abusa hay un fuerte vínculo de apego, como es un padre. En estos casos el niño no tiene elección, no puede hacer más que aceptar pasivamente lo que está viviendo, intentando darle el sentido que le impone el adulto (que es un juego, que le va a servir de iniciación a la vida, que es la expresión de su cariño y de la importancia especial que tiene para él/ella), o intentar olvidarlo cuanto antes, quitándolo de la conciencia como sea.
Pero rara vez puede denunciarlo, si es alguien cercano, por temer a perder su protección o su cariño. Su mente infantil no tiene la capacidad de resolver el conflicto entre eso que no le gusta y que se lo haga alguien que, se supone le quiere, y es quien le alimenta o le cuida y le protege, y con quien tiene un vínculo imposible de romper.
A veces el niño se encuentra con la reacción de incredulidad de la persona a la que se lo dice, y puede inducirle una sensación de irrealidad: lo que está viviendo no existe, pues nadie le cree. “Eso no me está pasando”. (Muchas veces hay una complicidad familiar para evitar el escándalo o la ruptura) Con lo cual se le estimula a negar esa realidad y escindir su personalidad, para poder sobrevivir psicológicamente. Y eso que escinde pasa a hacerle sentir culpable (pues los demás podrían creer que la iniciativa fue suya), o vergüenza, ya que ¿qué valor tiene si lo usan de esta manera?
El niño tiene que soportar un secreto, impuesto por el adulto, que además de hacerle sentir humillado, dolorido, atemorizado (por la repetición de los actos que no desea), desvalorizado, con tensión…No es raro que eso implique un cierto fracaso en los estudios, por la dificultad de concentración, y una amnesia de una gran parte de la infancia, pues hay que sepultar bien hondo lo que se vivió.
Hay estudios en los que se ha comprobado como niños que fueron abusados y quedó constancia (por alguna denuncia o visita al hospital) cuando se les ha preguntado de mayores, no recordaban absolutamente nada. Y esa amnesia es más fuerte cuanto más cercano es el abusador, empezando por el padre, madre, hermanos…
Las secuelas del abuso no dependen exclusivamente de la duración en el tiempo de los abusos, o el tipo de abuso, sino que a veces abusos únicos, o que no llegaron a ser dolorosos físicamente, pueden dejar enormes consecuencias, debido al efecto traumático de lo vivido.
Entre las secuelas tenemos sensaciones de falta de vitalidad o de vacío, tendencia a las adicciones tanto ludopatías, drogadicciones, adicción al sexo… dificultades para establecer relaciones de confianza con los demás, depresión, pérdida del interés sexual, aislamiento, conductas autodestructivas, ideas suicidas, ansiedad, insomnio, sentirse diferente, temor ante las cosas que pueden sucederle, como si no tuvieran capacidad de control adulto de las situaciones vitales…
En las relaciones de pareja podrá tener dificultades para confiar, y poder permanecer en la pareja, Se ponen a prueba a las otras personas continuamente.
O podrá repetir la relación de abuso tanto buscando un abusador, como abusando de otros. Y pueden existir dificultades sexuales tanto por temores a la agresividad, como desarrollar una sexualidad agresiva, y tendencias a la promiscuidad. Y a erotizar el afecto, con lo que implica de confusión en las relaciones con los demás.
En la edad adulta es importante romper este silencio y compartir este secreto, para poder descargarse de tantas culpas y vergüenzas, así como de las otras secuelas comentadas. Existen grupos de autoayuda, tanto en persona como en la red. Y terapeutas que tratan estos problemas. Siendo muy comprensible que se dude en remover nada por temor a sufrir aún más, pero en general el efecto liberador es enorme.
Algunas personas recomiendan enfrentarse al abusador ya de mayores, denunciarle incluso. Creo que esta debe ser una decisión personal, que tenga en cuenta primero las necesidades psicológicas de la víctima, para no acabar peor que se estaba. Pero en el caso de conocer una situación presente hay que actuar inmediatamente para proteger a ese niño o niña y llegado el caso poner una denuncia, pues estamos ante un delito, castigado penalmente.
abril 2008
Zero 108
Los abusos se pueden dar por alguien cercano al niño, empezando por el padre, la madre, algún hermano, primo o amigo mayor. Esto hace la tragedia mayor, pues es más difícil luchar contra lo que pasa si con la persona que abusa hay un fuerte vínculo de apego, como es un padre. En estos casos el niño no tiene elección, no puede hacer más que aceptar pasivamente lo que está viviendo, intentando darle el sentido que le impone el adulto (que es un juego, que le va a servir de iniciación a la vida, que es la expresión de su cariño y de la importancia especial que tiene para él/ella), o intentar olvidarlo cuanto antes, quitándolo de la conciencia como sea.
Pero rara vez puede denunciarlo, si es alguien cercano, por temer a perder su protección o su cariño. Su mente infantil no tiene la capacidad de resolver el conflicto entre eso que no le gusta y que se lo haga alguien que, se supone le quiere, y es quien le alimenta o le cuida y le protege, y con quien tiene un vínculo imposible de romper.
A veces el niño se encuentra con la reacción de incredulidad de la persona a la que se lo dice, y puede inducirle una sensación de irrealidad: lo que está viviendo no existe, pues nadie le cree. “Eso no me está pasando”. (Muchas veces hay una complicidad familiar para evitar el escándalo o la ruptura) Con lo cual se le estimula a negar esa realidad y escindir su personalidad, para poder sobrevivir psicológicamente. Y eso que escinde pasa a hacerle sentir culpable (pues los demás podrían creer que la iniciativa fue suya), o vergüenza, ya que ¿qué valor tiene si lo usan de esta manera?
El niño tiene que soportar un secreto, impuesto por el adulto, que además de hacerle sentir humillado, dolorido, atemorizado (por la repetición de los actos que no desea), desvalorizado, con tensión…No es raro que eso implique un cierto fracaso en los estudios, por la dificultad de concentración, y una amnesia de una gran parte de la infancia, pues hay que sepultar bien hondo lo que se vivió.
Hay estudios en los que se ha comprobado como niños que fueron abusados y quedó constancia (por alguna denuncia o visita al hospital) cuando se les ha preguntado de mayores, no recordaban absolutamente nada. Y esa amnesia es más fuerte cuanto más cercano es el abusador, empezando por el padre, madre, hermanos…
Las secuelas del abuso no dependen exclusivamente de la duración en el tiempo de los abusos, o el tipo de abuso, sino que a veces abusos únicos, o que no llegaron a ser dolorosos físicamente, pueden dejar enormes consecuencias, debido al efecto traumático de lo vivido.
Entre las secuelas tenemos sensaciones de falta de vitalidad o de vacío, tendencia a las adicciones tanto ludopatías, drogadicciones, adicción al sexo… dificultades para establecer relaciones de confianza con los demás, depresión, pérdida del interés sexual, aislamiento, conductas autodestructivas, ideas suicidas, ansiedad, insomnio, sentirse diferente, temor ante las cosas que pueden sucederle, como si no tuvieran capacidad de control adulto de las situaciones vitales…
En las relaciones de pareja podrá tener dificultades para confiar, y poder permanecer en la pareja, Se ponen a prueba a las otras personas continuamente.
O podrá repetir la relación de abuso tanto buscando un abusador, como abusando de otros. Y pueden existir dificultades sexuales tanto por temores a la agresividad, como desarrollar una sexualidad agresiva, y tendencias a la promiscuidad. Y a erotizar el afecto, con lo que implica de confusión en las relaciones con los demás.
En la edad adulta es importante romper este silencio y compartir este secreto, para poder descargarse de tantas culpas y vergüenzas, así como de las otras secuelas comentadas. Existen grupos de autoayuda, tanto en persona como en la red. Y terapeutas que tratan estos problemas. Siendo muy comprensible que se dude en remover nada por temor a sufrir aún más, pero en general el efecto liberador es enorme.
Algunas personas recomiendan enfrentarse al abusador ya de mayores, denunciarle incluso. Creo que esta debe ser una decisión personal, que tenga en cuenta primero las necesidades psicológicas de la víctima, para no acabar peor que se estaba. Pero en el caso de conocer una situación presente hay que actuar inmediatamente para proteger a ese niño o niña y llegado el caso poner una denuncia, pues estamos ante un delito, castigado penalmente.
abril 2008
Zero 108
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