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domingo, 12 de octubre de 2014

Se pierde mucho el tiempo en dar en las redes una falsa imagen de felicidad. (Diario de Sevilla) 12-10-14


  Entrevista publicada hoy en el Diario de Sevilla .
josé ignacio díaz carvajal. Médico psicoterapeuta

"Se pierde mucho el tiempo en dar en las redes una falsa imagen de felicidad"

Psicoanalista en el sentido menos clásico de la palabra que incorpora a sus terapias técnicas de meditación, cree que uno de los principales problemas del hombre actual es la falta de amistad
Luis Sánchez-Moliní | Actualizado 12.10.2014 - 10:47
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José Ignacio Díaz Carvajal, en su consulta, durante un momento de la entrevista.
La consulta de José Ignacio Díaz Carvajal es una habitación amplia y con pocos muebles. Al plumilla le llama la atención la ausencia de un diván, el mueble totémico de los psicoanalistas clásicos. Está claro, y la conversación lo confirmará, que no está pisando territorio freudiano clásico. Respiración, meditación, introspección, fomento de la amistad... Las recetas de este médico que se dedicó al psicoanálisis por pura vocación están muy lejos de los tópicos y lugares comunes que acompañan a los hijos de Freud. A los pocos minutos de la charla, el plumilla empieza a sentir con envidia que Díaz Carvajal tiene el don de la tranquilidad, ese atributo que no habita en las redacciones de los periódicos ni en la mayoría de las oficinas de la ciudad. Como si fuese un maestro sufí o un monje cartujo, el psicoanalista desprende una especie de paz, un dominio de sus neuronas, una armonía que no tiene nada que ver con subproductos 'new age' y sí con el conocimiento de técnicas que evidencian que el alma, como si fuese un músculo, se puede ejercitar (ya lo dijo hace siglos, aunque con otros objetivos, el de Loyola). Médico que reivindica el antiguo carácter humanista de su profesión, hoy excesivamente especializada, presume de haber sido un habilidoso pianista aficionado, y muestra con orgullo su colección de arte contemporáneo y de miniaturas de los siglos XVIII y XIX.

-Precisamente anoche tuve una pesadilla un tanto siniestra. ¿Por qué generamos esos monstruos nocturnos? ¿Con qué materiales? Recuerdo que, en uno de sus últimos poemas, Fernando Ortiz hablaba de "fantasmas mal barajados"?

-El sueño es un tipo de pensamiento diferente al diurno, pero es un pensamiento. Lo creamos dormidos con elementos oníricos, imágenes y sensaciones que forman una situación parecida a una película en la que uno observa y, al mismo tiempo, participa. Su lógica es totalmente diferente a la diurna, de ahí esos sueños en los que aparece nuestro padre, pero con la cara de nuestro primo, pero que en el fondo somos nosotros mismos... Soñamos para poder elaborar las preocupaciones diurnas y a los psicoanalistas esto nos sirve para elaborar una radiografía mental. Los sueños nos dan muchas pistas sobre las preocupaciones y conflictos de la persona a la que tratamos. También dan ideas para posibles soluciones.

-Los sueños son como esas esculturas asirias con cuerpo de toro, alas de águila, cabeza de hombre...

-Exacto, ese fenómeno se llama condensación. Es decir, condensamos en una determinada imagen diferentes elementos de la realidad para, entre otras cosas, disfrazarla y poder elaborar nuestras preocupaciones. Las pesadillas nos permiten descargar angustias, porque el soñante siempre sabe que está soñando. Realmente, lo que importa no es tanto el sueño que se ha tenido sino lo que uno piensa sobre el mismo.

-Durante mucho tiempo, incluso hoy en día, al sueño se le ha atribuido una cualidad profética... Me temo que esta idea es tan hermosamente literaria como falsa.

-Sí, es falsa. Tampoco son muy creíbles esos diccionarios de sueños que explican su simbolismo. Los sueños son específicos de cada persona y su simbología no puede ser nunca estándar ni universal.

-Hablando de psicoanálisis y de la interpretación de los sueños es inevitable que salga la figura de Sigmund Freud, uno de los grandes forjadores de la cultura contemporánea, pero también una figura muy puesta en cuestión. ¿Qué queda de Freud?

-Queda mucho. Él puso las bases fundamentales para el trabajo con el inconsciente, las emociones y la psicología en general. Muchos de los elementos aportados por Freud ya son absolutamente normales en la cultura, en la sociedad y en el trabajo clínico. Lo que pasó en España es que, después de la Guerra Civil, desaparecieron los psicoanalistas pioneros y se produjo un páramo hasta recientemente. Incluso en las facultades de Psicología, el psicoanálisis ha estado denostado y siempre hemos cargado con el rechazo del establishment psiquiátrico y psicológico.

-En psicología hay muchas escuelas y tendencias. ¿Son decisivas a la hora de garantizar el éxito de una terapia?

-Más allá de la corriente psicológica que cada uno siga, lo importante en la eficacia de una terapia es el vínculo que se establece entre el paciente y el terapeuta, así como otros elementos humanos y sociales que se establecen alrededor de la psicoterapia.

-Es un dicho muy común el que, más eficaz que ir al psiquiatra, es tomarse una copa con un amigo. ¿Cuál es la diferencia que marca el psicoterapeuta?

-Bueno, hay personas que tienen patologías verdaderamente graves que hay que conocer, saber tratarlas y reconducirlas.

-Dígame alguna tendencia a la última.

-Ahora mismo está de moda una técnica que se llama atención plena, que hunde sus raíces en la meditación oriental. Gracias a estas técnicas se consiguen eliminar pensamientos obsesivos, mejorar las situaciones de ansiedad, disminuir la depresión. Me gusta ser muy ecléctico en mis terapias, no quedarme en el psicoanálisis clásico, tomar ideas de otras corrientes y otras disciplinas. Para mí hay temas fundamentales, como la amistad. Las personas hoy en día están muy solas y, a pesar de la hipercomunicación, la sociedad está favoreciendo un aislamiento tremendo. Es muy importante enseñar a las personas a buscar amistades verdaderas, porque el amigo permanecerá, pero el psicoterapeuta no.

-Vivimos en una sociedad en la que se han alcanzado razonables cuotas de bienestar y libertad. Sin embargo, paradójicamente, el hombre contemporáneo vive sumido en un mar de angustias. ¿Qué es lo que pasa?

-Antiguamente, el sentido de la vida lo marcaba una religión, una tradición, unos valores... Sin embargo, ahora vivimos en una época de absoluta incertidumbre. Por ejemplo, antes estudiabas Arquitectura o Medicina y sabías que ibas a ganar mucho dinero, pero ahora puedes terminar trabajando de camarero: ¿qué certidumbre hay? Buscamos muchas seguridades externas (la familia, la iglesia, la política...) que ya nunca volverán. Por eso es muy importante encontrarse con uno mismo, buscar en el interior, tomar contacto con nuestras propias emociones e ideas y luego construir relaciones verdaderas con los demás. El problema de internet y las redes sociales es que hay muchas comunicaciones que no son auténticas, sino banales, superficiales, narcisistas... Estamos en una sociedad en la que parece que lo más importante es hacer marketing de uno mismo, salir en el Facebook, Instagram, etcétera. En estos lugares de la red, las personas tienen que perder una gran cantidad de tiempo para dar una imagen permanente y falsa de felicidad y bienestar.

-En el pensamiento contemporáneo hay unas corrientes que llegan a negar el sujeto y afirman que las personas somos como constelaciones de yoes. ¿Qué opina usted de esto, somos uno o somos varios?

-Hay muchas teorías. Pienso que existe un centro, por así llamarlo, pero también diferentes aspectos de la personalidad que pueden estar más o menos integrados con ese centro. ¿Somos múltiples? Se puede decir así. Desde luego, somos polifacéticos, seres con muchas caras. Usted no es el mismo como profesional que como padre. Pero no creo que seamos varios, pues estaríamos divididos en muchos yoes. Podemos decir que somos como un sistema planetario.

-Los traumas... ¿Hasta qué punto nos determina la infancia?

-Absolutamente. El cerebro se va modificando desde que nacemos. La inmadurez del bebé es absoluta y a través del apego y del vínculo con los padres se va construyendo su cerebro y sus capacidades, de tal forma que se llega a decir que los hijos adoptivos son biológicos porque su cerebro se ha conformado en la relación con los padres de adopción. Los traumas son las situaciones dolorosas para los que uno no está preparado, y en la infancia dejan una huella profunda que se puede traducir en el futuro en trastornos como el alcoholismo o la drogadicción.

-¿Y se pueden superar?

-Sí. Últimamente se trabaja mucho un concepto que se llama la resiliencia, que es la capacidad que tiene el ser humano para, a pesar de los traumas, poder reconstruirse y tener una vida buena, bonita y de éxito. Es un tema fascinante, porque da esperanza. En general, en las últimas dos décadas se ha puesto de moda la psicología de la felicidad, aquella que se preocupa porque la gente potencie sus capacidades más que por curar enfermedades. Es verdad que, en el último siglo, todos los aspectos psicológicos se han medicalizado mucho y se han dejado en manos de los psicólogos y los psiquiatras, pero la realidad mental es siempre más compleja que una enfermedad de hígado y tiene que ver con la cultura, la sociedad, con las relaciones, con lo humano... Muchas veces la gente pide una pastilla que acabe con unos problemas que tienen ramificaciones que jamás desaparecerán con un fármaco. No hay pastillas que curen las enfermedades mentales.

-Ahora se habla mucho del abuso de los psicofármacos, pero ¿por qué no usar muletas si estamos cojos?

-Es verdad que la gente demanda pastillas para poder dormir, poder calmar la ansiedad... Hay que tener en cuenta que son fármacos paliativos, no curativos, que se pueden tomar mientras dura una terapia, pero que por sí solos no van a solucionar nada. Además, hay que avisar de que tienen problemas de adicción, efectos secundarios, contraindicaciones... Volvemos a lo de antes: hay otras técnicas, como la relajación, la conversación... Uno de nuestros problemas es que no sabemos escuchar. Hoy en día, todo el mundo emite mensajes en internet, pero nadie escucha.

-¿Qué más problemas tiene esta sociedad?

-Vivimos en una sociedad que no duerme. Nosotros ya estamos perdidos, pero los niños y los adolescentes no duermen las nueve o diez horas al día que deberían. Lo de los móviles y las tablets ha agravado el problema. Esto les condicionará toda la vida futura y hay patologías, como la hipertensión, que están relacionados con la falta de sueño.

-Ya ha salido la palabra felicidad, un territorio un tanto resbaladizo. Lo normal es que se diga que no existe, que se pueden alcanzar momentos felices pero no la Felicidad en mayúscula. ¿Qué opina usted?
-Se puede ser muy feliz. Eso sí, es importante que la vida tenga un sentido en el día a día, aunque nuestra actividad de la jornada sea fregar. Hay que vivir con intensidad la realidad presente. No somos felices porque siempre pasamos de una cosa a la siguiente sin pararnos en la que realmente estamos. Si yo estoy hablando ahora con usted y ya estoy pensando en la reunión que tengo después, he perdido la posibilidad de disfrutar del momento, aunque lo que compartamos sea triste... Esa experiencia de saber que uno está conectado con otro y que está compartiendo la vida produce felicidad.

-Esa falta de vivir el momento, esa negación del carpe diem, está muy relacionada con la ansiedad en la que vive instalado el hombre contemporáneo.

-Efectivamente, por eso hay que pararse, respirar hondo, centrarse en uno mismo... La ansiedad es no saber pararse.

-Sigamos con otra gran palabra: el mal. En los tiempos actuales, cuando surge algún crimen escabroso, se tiende a atribuir el mismo a alguna patología mental del criminal, como si ya no existiese el mal, sino sólo locos.

-El mal existe en la medida en que existe la responsabilidad y la libertad humana. Si yo soy responsable de mis actos y si yo elijo perjudicar a alguien conscientemente estoy ejerciendo el mal. Es verdad que hay algunos locos, muy pocos, que cometen crímenes, pero la gran mayoría de esos asesinatos los perpetran personas muy cuerdas. Ahí están, por ejemplo, las decapitaciones de Iraq.

-En Grecia, los locos eran considerados como personas tocadas por los dioses. ¿Hay algo de verdad en eso?

-Sí, algunos locos tienen algo especial, una capacidad de captar las intenciones y el inconsciente de los demás. Quizás por su descomposición mental tienen una sensibilidad que no tenemos los que simplemente estamos un poco neuróticos.

-¿Todos estamos neuróticos?

-Sí, todos tenemos represiones y contenciones, porque sería imposible vivir dando vía libre a toda nuestra impulsividad... Nos llevaría a matarnos los unos a los otros.

-No querría concluir esta entrevista sin sacar el tema de la adopción, uno de los temas en los que usted está especializado. ¿Es un camino que, a veces, se emprende con frivolidad?

-Hay de todo. La paternidad o la maternidad, en general, se vive según la cultura del momento y ahora se idealiza mucho lo que es tener un hijo, es algo sobrevalorado. Lo que un padre se encuentra cuando adopta suele ser más duro de lo que se esperaba, porque el niño ya llega con una serie de traumas producidos por el abandono, los abusos, etcétera. Y hay que formar una familia terapéutica. Hay que asesorar muy bien a la persona que va a adoptar, no sólo para proteger al niño, sino también al adulto de una elección equivocada, porque hay padres que son tan narcisistas que quieren un niño como un simple atributo más. Es el ejemplo de esos famosos que tienen hijos adoptivos para que luego se los críe una niñera.

-¿Hay mucho fracaso en las familias adoptivas?

-Aproximadamente un ocho por ciento. Es mucho, porque para estos niños supone un segundo rechazo, una retraumatización.

viernes, 10 de octubre de 2014

La multitarea daña nuestro cerebro

La idea de que podemos realizar varias tareas a la vez y que podemos estar atentos y enterarnos igual de bien de lo que hacemos, es falsa.
Hay muchos estudios que demuestran como la atención no puede dividirse de forma adecuada, y que lo que se hace simultaneamente, no se puede recordar igual. Y la ejecución de las tareas se resiente enormemente.

Tenemos un ejemplo clarísimo con el aumento del riesgo de accidentes de trafico, cuando se conduce hablando por teléfono, aunque sea con el sistema de manos libres. Se ha comprobado que el tiempo de reacción de frenado aumenta enormemente, simplemente por el hecho de estar hablando, aunque no se tenga el móvil en la mano.

En la mente se forman cuellos de botella, de tal manera, que ni la percepción de lo que atendemos puede darse simultaneamente de forma correcta, sino que se va alternando rápidamente de una cosa a la otra, y la respuesta psicológica y luego las acciones, se enlentecen.
En ciertos estudios, lo que se ha encontrado es que las personas que se creen más capaces de realizar varias actividades a la vez (hablar por teléfono, contestar o leer un email, repasar unas notas...) y que creen que están acostumbradas, sobrevaloran su capacidad y son  aún más incapaces, que los que casi nunca las realizan simultaneamente. Esto se debe a que el cerebro va sufriendo un daño, que persiste en el tiempo, y que hace a estas personas "multitarea" menos inteligentes, con menos memoria y menos atentas (aunque ya solo realicen una sola tarea).
Los jóvenes, tan acostumbrados a manejar varias pantallas a la vez (su ordenador, la televisión y el móvil o tablet) y a estar tuiteando, mientras ven un programa y buscan datos en Internet, están, sin darse cuenta, modificando su cerebro en una dirección inadecuada. (en un estudio de la Universidad de Sussex se ha comprobado que una zona del cortex cerebral de personas que son grandes multitarea, tiene menos densidad. Una región responsable de la empatía así como del control cognitivo y emocional)
Sean definitivos estos estudios o no, la cuestión es que la multitarea disminuye el rendimiento y la calidad del trabajo. Y perjudica la concentración, la organización y la atención.
Por lo que la recomendación es disminuir los momentos de multitarea a lo imprescindible, o si es posible nunca. Centrarse en una cosa al menos durante 20 minutos y luego cambiar a otra, pero no estar alternando incesantemente. Practicar ejercicios de atención plena, como centrarse en la respiración durante tres respiraciones, cada vez que nos acordemos. Y procurar descansar la mente de toda distracción o estímulo, periodicamente. Si es durante el día, puede ser durante unos minutos, pero también es importante dejarse tiempo para no hacer nada y estar en silencio o contemplando durante una tarde entera, o durante varios días.
Y es importante favorecer intercambios humanos, que no sean a través de medios técnicos, sino en presencia y dándose tiempo. Levantarse a hablar con un compañero de trabajo, en vez de mandarle un correo interno, o quedar con los amigos o con la pareja, para pasar un rato distendido juntos.
Nuestro cerebro lo agradecerá.

jueves, 2 de octubre de 2008

¡Llamadas!

(Extractos de un diario ficticio)
“Este fin de semana no me llamó nadie. Esperé junto al teléfono recordando escenas de amistad, momentos en los que yo había llamado a otros, que les había ayudado y que sentía que había sido generoso o entregado.
Considero que tengo muchos amigos; que sé cuidarles; que tiendo a escuchar e invito con frecuencia a venir a casa. Me ven como alguien que está disponible, que se puede contar con él, que no cierra las puertas. ¿Por qué no me llaman?
Quizás sea por que les di una imagen de autosuficiencia, de que puedo con todo. O, a lo mejor, es que no he mostrado necesidad y quiero quedar siempre por encima.
De hecho no suelo pedir. Y no pido, no por orgullo, sino, por temor. Temor al “no”. Menuda broma: yo estoy encantado de dar y no paro, pero soy incapaz de pedir (e incluso, sospecho que, de recibir).
Alguno me dice que me ven siempre ocupado. Y eso es verdad. Tengo muchas tareas. Igual lo hago para no pensar mucho en mí mismo. En que me siento un poco solo a pesar de tener tantos amigos, y de hacer tantos planes. Y que no se me da mal eso de ligar. Pero echo de menos algo. Quizás sea vivir que soy imprescindible para alguien. Y no ser uno más del listín telefónico de mis amigos. Que no se acuerden de mi sólo por lo buen conversador que soy, o para ayudarles en una mudanza, o cuando estén deprimidos, o por que no saben con quien quedar para ir al cine.
Me doy cuenta que doy por hecho que me quieren: y es verdad. Pero no me basta. Y no les hecho la culpa, pues si lo pienso bien, yo soy el primero que no me implico del todo. ¿Quién es imprescindible para mí?
¡Joder, que duro me estoy poniendo hoy conmigo mismo! Pero es verdad. Es que estoy harto de esperar, y de que no suceda nada. Igual es el camino equivocado. Esperar. Al menos como yo lo hago: pasivamente y apoltronado en mi verdad de creerme buen amigo de mis amigos. ¿Seré tan buen amigo, cuando no confío en que me van a dar si les pido?
Este fin de semana, les puse a prueba: decidí no llamarles y no llamaron. Si lo pienso bien muchas veces me llaman. Y sé que me quieren. Pero algo tengo que cambiar. Tienen que saber lo vulnerable que me siento a perderles, a sentirme abandonado. Que los necesito más allá de quedar para una salida a tomar copas. Y que si estoy solo probablemente sea porque me da miedo pringarme de verdad, porque me han dado ya algunos palos, y no estoy dispuesto a repetirlos.
De hecho procuro no necesitar a nadie, o al menos que los demás crean eso. Si me dan plantón oculto mi enfado. Si me fallan los planes con alguien, rápidamente lo sustituyo para no sentirme triste. O mejor procuro no hacer planes con nadie e improviso.
Y no me considero hombre de pareja. Muchos conflictos. ¿O es que no me aguanto ni a mí mismo?
Repaso lo que he escrito y tengo la impresión de que tengo más fachada que otra cosa. ¡Qué poco me gusto! Me parece que me voy a llamar a alguien o acabo en la sauna. Tanto da.
No. Mejor me quedo en casa y sigo pensando que algo tengo que hacer con todo esto. No puede ser así semana tras semana. Algo podré hacer conmigo mismo”.

escrito en marzo de 2004
artículo publicado en Zero 67

domingo, 3 de febrero de 2008

Paco Vidarte ha muerto

Ha muerto mi amigo Paco Vidarte. El 29 de enero, a los 37 años, víctima de un linfoma.
Era una fuente de afecto, de complicidades, de estímulos para vivir, para crear. Su inteligencia, su lucidez, su alegría y su capacidad de comprender y de intuir las cosas no dichas, eran inmensas.
Nuestros encuentros fueron siempre de una profundidad y de una calor muy gratos para mí, y en esas conversaciones recorríamos las geografías del amor, de la amistad, de las cosas importantes de la vida. Eran encuentros que jalonaban nuestros caminos de esa manera extraordinaria en la que una verdadera amistad puede crear, haciéndonos sentir la vida más plena, con más claridad.
Encuentros que nos hacen mejores, que nos construyen.
Para mi, Paco fue determinante para iniciar estos artículos que fui publicando en Zero, y recientemente para decidirme a escribir un libro sobre parejas gays. Confiaba en mí y quería (como me dijo en su último correo electrónico del 20 de enero) que brillara más allá de lo que me permito. Y por eso siempre me animó a escribir, a pesar de mis reticencias.
Paco era de las personas que iluminaban, ya no podré contar con este apoyo, aunque siempre estará dentro de mí, como un faro que me de seguridad en momentos de zozobra.
Al final de sus días, a pesar de su desvalimiento, de su sufrimiento, de la incertidumbre, hizo feliz a las personas que le rodearon.
Siempre pensé que era un cordero con piel de lobo. El mismo reconocía que se ganaba enemigos, por esa manera directa de decir las cosas, de plantear los límites a las personas cuando tenía claro lo que para él era injusto, mezquino o traicionero. Esto le pudo ganar cierta incompresión y perder algunos amigos, pero por no claudicar de sus ideas,o sus principios, que fueron muy firmes y a veces rompedores.
Fue vanguardia en el campo de la teoría queer y de la lucha LGTB, y espero que se le sepa reconocer, incluso por los que se pudieron sentir criticados por él.
Siento muchísima pena. Lloro su pérdida.
Creo que no sólo yo, sino muchos otros hemos perdido a alguien importante en nuestras vidas, y nunca podremos saber todo los que nos hubiera podido seguir aportando, tanto personalmente como en la lucha LGTB.

Paco, te llevo vivo en mi corazón.

domingo, 24 de junio de 2007

Cultivar la amistad

Los amigos constituyen un aspecto muy importante de nuestras vidas, que no debemos descuidar. En muchos casos se convierten en nuestra “familia de elección”. Sobre todo para los que han sufrido el ostracismo familiar. En general nos hacen sentirnos valiosos y queridos; nos sirven de compañía, de consuelo, de cuidadores, de consejeros...y nos permiten quererles y compartir la vida.
Por todo esto, y mucho más, es importante aprender a cuidar esas relaciones y si es posible mejorarlas. Una verdadera amistad es un tesoro, irrepetible, inintercambiable, que solo se da, de esa forma, con esa persona concreta. Cultivar la amistad es un arte a desarrollar.
1. La amistad se fundamenta en el encuentro. No hay que retrasarlos demasiado. Como una planta a la que se riega, la amistad tiene su ritmo, y no puede dejar de regarse.
2. Hay que compartir los momentos importantes: alegrías, acontecimientos vitales, duelos, logros... y hacer cosas juntos, aunque sean triviales: ir al cine, o de compras, o salir con la bici. Si es posible, en intimidad, sin otros testigos, para que florezca la vivencia de que se es importante el uno para el otro y se tiene disponibilidad, aunque sea limitada.
3. La sinceridad y el comunicar los verdaderos sentimientos son como el buen clima que necesita para su desarrollo. No se puede mentir al amigo. Destruiría la confianza. E igual si no se le expresa lo que preocupa, lo que se teme, lo que se disfruta.
4. Cualquier pretexto es bueno para hacer una llamada, para mandar una postal (aunque el amigo viva en la misma ciudad), para enviar un mensaje al móvil. Sabrá que pensamos en él.
5. El mayor regalo que podemos hacer a un amigo es nuestra escucha, nuestra constancia, nuestra disponibilidad sin condiciones. Por eso los verdaderos amigos no suelen hacerse regalos excesivos que tienden a deslumbrar o seducir, o que pueden crear una sensación de deuda.
6. El abuso, la utilización, la búsqueda de provecho propio son incompatibles con la amistad. Así como el egoísmo o la falta de generosidad.
7. Tampoco podemos pedir al amigo algo que le obligue a ser injusto, a mentir, a favorecernos indebidamente. Le obligaríamos a vivir el dilema de tener que traicionar a su forma de ser o traicionar a la amistad. Y la amistad implica una ética de respeto absoluto a la libertad y la forma de ser del otro

enero 2005
Zero 75

miércoles, 13 de junio de 2007

Los ex-novios

Entre los gays hay un fenómeno curioso y es la frecuencia con que se dan la amistad y las buenas relaciones con los antiguos novios. Cosa que no ocurre entre los heterosexuales para los que la ruptura suele implicar un distanciamiento total, algo realmente traumático, con un gran componente de odio; es típica la situación de gente que no se vuelve a hablar nunca, o incluso que pasados 15 o 20 años desde la separación se salen de una reunión en la que aparezca un ex.
Probablemente, en los heteros influyan muchos factores, como el tener que pasar por el proceso legal de separación o divorcio, con sus implicaciones económicas, y de reparto de responsabilidades. También está el que se aguanta más de la cuenta y que las rupturas son con un mayor deterioro de la relación previo a la separación debido a que hay una mayor dependencia de las mujeres tanto en lo emocional, como en lo económico y por la presencia de los hijos.
Entre los gays se suele dar de forma menos traumática, sin tantas presiones sociales, económicas o familiares y en cuanto surgen las desavenencias es más factible que se disuelva la relación. Con lo que la carga negativa acumulada es menor y se tiende a recuperar la relación más fácilmente, en forma de una amistad.
La ruptura no se traduce en odio, sino en simple distanciamiento afectivo y sexual, que no impide los sentimientos amistosos. (Aunque hay excepciones en casos de una infidelidad no esperada o algún tipo de traición o violencia)
Lo malo de ciertas rupturas es que no acaban de aclararse en mucho tiempo y llevan a que ambos sigan viéndose o incluso conviviendo, y por otro lado empiecen a tener otra pareja que se ve involucrada en conflictos y tensiones de la anterior pareja.
Por eso es muy importante que cuando uno establece una pareja nueva tenga claro que el otro se haya dado el suficiente tiempo como para que se haya cortado de verdad la relación con su anterior novio. Pues éste puede intentar recuperarle entrometiéndose y boicoteando la nueva relación. A veces con la apariencia de amistad y buenas intenciones.
Hay que establecer verdaderas fronteras con las personas que forman parte del círculo afectivo de la pareja, pues puede haber muchos ex entre los amigos, con el riesgo de que aparezcan situaciones sin resolver, o celos que lleguen a ser tremendamente destructivos.
Puede ser muy difícil para un ex ver como la casa que compartió con su pareja es ahora vivida por otra persona que ha venido a ocupar su lugar, y que utiliza incluso los objetos que compró personalmente o escogió con su novio.
En épocas de crisis de pareja, pueden aparecer antiguos novios como salvadores, como hombros consoladores, pretendiendo hacerse los imprescindibles y así sacarse la espinita clavada que supone que su ex haya preferido a ese-otro-que-ahora-le-hace-sufrir-tanto.
El ex tiene que tener claro su nuevo papel en la vida de su antigua pareja, y aclararse con sus sentimientos, lo mismo que viceversa su ex novio. Pues el coqueteo, el pretender recuperar complicidades, el exceso de confianza frente al nuevo novio, son estrategias destructivas tanto para la pareja nueva, como para que sea posible una verdadera amistad entre los dos ex.
Se necesita una gran dosis de madurez y sentido del humor para afrontar esa presencia en la vida de la nueva pareja del ex. Lo mejor es tener una distancia adecuada, que siempre será mayor que la que se tiene con otros amigos, y resignarse a que nunca más se volverán a vivir determinadas experiencias que corresponden a otra época de la vida.


junio de 2003
Zero 53

sábado, 10 de febrero de 2007

Amistad

Cuando hablamos de amistad nombramos, con la misma palabra, a muchos tipos de relación, que poco, o nada, tienen que ver unos con otros. Puedo decir que el quiosquero de la esquina es mi amigo porque me guarda las revistas, o que los compañeros con los que desayuno son amigos, y que el grupo de gente con el que me suelo reunir para salir son “mis amigos”. Está claro que con todas estas personas existe simpatía, cierto entendimiento, o que se puede contar con ellas para alguna necesidad concreta. La verdadera amistad no es eso
Es un tipo de amor. Amor diferente al de pareja o al de los padres o hermanos. Tan necesario para la construcción de la personalidad que difícilmente podríamos madurar y crecer como personas sin ello.
En la amistad uno dona algo de su ser, de su persona, en encuentros sucesivos, sin esperar a cambio más que ser correspondido. Compartimos los pasos que vamos dando en la vida, los temores que vivimos, las inquietudes, los logros y fracasos, los placeres. Nos gusta conocer al otro en su individualidad y en su particularidad, para aprender sobre la vida. Encontramos puntos con los que identificarnos.
La amistad está basada en disfrutar de la existencia de la otra persona tal como es y por quién es. Es la relación que implica más libertad. Por eso no puede estar basada en el interés o en la necesidad.
Tampoco permite la posesión, el dominio o la agresión.( Cosa que sí se da en la pareja). En toda relación amorosa hay mucha ambivalencia: amamos pero también mostramos odio en diferentes grados. La convivencia favorece esa expresión de la mezcla de amor-odio. En la amistad , como se vive en encuentros espaciados en el tiempo, se evita esa parte de odio.
El amigo es único, irrepetible, y nos satisface con su diferencia. Podemos tolerarle todos sus fallos excepto la deslealtad, el engaño, y la injusticia. Basamos la amistad en la confidencia, en abrirnos plenamente, con claridad y verdad. Es necesario confiar en el otro, y esa confianza tendrá que pasar por pruebas (que la vida trae sin necesidad de provocarlas).
Está claro que no podemos confiar en cualquiera, y que hay personas que, sin maldad, divulgan lo que se les cuenta, o trivializan la amistad que se les ofrece. Son personas que no pueden afrontar lo que queremos compartir con ellas, por sus propias dificultades personales, por sus miedos. Con su comportamiento destructor de la confianza, acaban confirmando lo que temen: que la amistad no es posible. Dejarán de ser nuestros amigos.

Agosto 2001
(publicado en Zero 32)

lunes, 5 de febrero de 2007

¿Sexo entre amigos?

Está claro que en cualquier amistad puede surgir el deseo o incluso el enamoramiento, y estos llevar al sexo. Pero ¿ qué ocurre con la amistad? Y ¡de qué tipo de amistad estamos hablando?
Si aparece el sexo lo normal es que no sea con una amistad verdadera o profunda, sino que sea con un conocido. Que se dé con alguien con quien tenemos simpatía, al que sentimos amigo, pero no lo que entiendo por un amistad verdadera.
La amistad verdadera es una peculiar comunicación entre dos personas; que quieren realizar el bien mutuo y buscan la perfección del ser del otro. Algunas cualidades de este tipo de relación son: el respeto, la franqueza, la libertad, la independencia y el cuidado del otro. Para los amigos verdaderos lo esencial es la propia relación, el encuentro. El sentimiento de que importamos a otro por lo que somos y no por lo que tenemos.
Cuando surge una atracción erótica los amigos pensarán que eso no es lo esencial; aunque les apetezca jugar con esos sentimientos y poner en práctica ese deseo sexual. Lo normal es que aunque incluyan el sexo en la relación se les pase tras un tiempo. Pues ambos saben que no van a establecer un compromiso de pareja, pues no quieren exclusividad, la convivencia continuada, la posesión, el tener cosas en común (casa, dinero, hijos). En la amistad es muy importante la sensación de libertad frente al otro, de la ausencia de un interés o motivación que no sea más que el del encuentro, el del compartir ese trozo del trayecto de vida, que no condiciona el camino del otro. Si el deseo lleva a querer seducir, a fingir, a querer poseer al otro, a necesitarle demasiado, se está forzando lo que caracteriza a una amistad verdadera. En el sexo hay poder, hay dependencias, hay condicionamientos que no los tolera la amistad. Podemos decir que la amistad verdadera es una forma de amor, pero un amor casto. En donde la ternura sí aparece, pues ésta no implica posesión.
Con esto no digo que no sea posible lo sexual, pero que complicaría mucho la amistad y la podría llevar al traste, o transformarla en una pareja de amantes (que ya sería otra cosa).
Si, por ejemplo, uno de los dos amigos tuviera su pareja, probablemente el amigo soltero no querría realizar su deseo erótico para cuidado de la relación con el amigo y no crearle una tensión o un conflicto. La amistad tiene una ética muy exigente. Se basa en hacer el bien de ambos, y no puede sacrificar esa ética por un deseo. Cosa que sí podrían hacer dos amantes que no son amigos verdaderos. Pues la pasión se antepondría a la amistad.
Es cierto que antiguos amantes pueden acabar siendo buenos amigos, pero cuando ya desapareció todo deseo erótico, y ambos se viven con libertad. Los buenos amigos rara vez pasan a ser amantes, pues prefieren ese tipo de relación tan valiosa, y tan difícil de conseguir, a la otra que puede ser efímera.

Abril 2004
Publicado en Zero 64