Mostrando entradas con la etiqueta Pareja. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pareja. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de noviembre de 2014

Consulta de psicoterapia individual y de pareja en Sevilla

Algunas personas se han dirigido a mí para saber dónde trabajo y si es posible tener consulta conmigo.
Actualmente trabajo en consulta privada en Sevilla. Realizo terapia individual y de pareja con todo tipo de demandas: depresiones, crisis de ansiedad, problemas de relación, dificultades de pareja,trastornos de personalidad, fobias, obsesiones... Así como dificultades para asumir la propia identidad sexual, para salir del armario. O asesoramiento en temas de adopción.
Mi orientación en psicoanalítica y trabajo desde una perspectiva abierta a técnicas de otras corrientes, así como con terapia breve.
En los últimos años la demanda de consulta ha cambiado de los casos típicamentes psiquiátricos y de la psicopatología clásica: fobias, obsesiones, ansiedad y depresiones, a un tipo de demanda menos definido, en el que la persona se encuentra mal sin saber bien porqué, o sus problemas no son tanto tener unos síntomas claros, como el tener dificultades para ser feliz y poder realizarse, disfrutar de buenas relaciones, no entrar en conflicto permanente con los demás y cosas así.
Y las personas esperan no tanto una terapia larga de muchas sesiones por semana, sino más bien un tratamiento corto, centrado en el problema concreto que creen tener, y que tenga resultados de alivio y mejoría lo más pronto posible.
Por otro lado están los casos de dificultad para aceptar la propia sexualidad, que a veces llevan a un sufrimiento tremendo, motivado sobre todo por la homofobia social interiorizada por el sujeto, así como las dificultades que se temen encontrar por la posibles salida del armario. Esta cuestión se complica aún más en las personas que están casadas heterosexualmente y deciden asumir su homosexualidad.
Lo cierto es que la motivación para pedir una consulta es más amplia. Pues no se necesita sentir que uno esta enfermo, sino más bien que no se puede salir de ciertos atolladeros personales, o que no se pueden afrontar determinadas peculiaridades propias.
Yo atiendo en sesiones de 50 minutos, y si es preciso puedo hacerlo por teléfono o por video conferencia a través de Internet. Pero lo ideal es que al menos las primeras entrevistas sean cara a cara, para poder precisar mejor el diagnóstico y conocernos mutuamente físicamente. Eso permite que luego las sesiones sin presencia sean más eficaces y más fáciles de llevar.


Aquí dejo mi teléfono y mi correo para poder contactar:
954216020
656409609
jidc@ono.com

domingo, 31 de marzo de 2013

Big Eden (2000)

Director: Thomas Bezucha
117 min.
EEUU
Drama

Sinopsis:  Tras muchos años en Nueva York, Henry Hart regresa a su pequeño pueblo natal de Big Eden, en Montana, para cuidar de su abuelo. Henry se da cuenta de que tiene que afrontar su amor no correspondido por Dean, su mejor amigo del instituto. Sus sentimientos por Dean, que fueron la causa de su huida 20 años atrás, son aún muy fuertes. Por otra parte Pike se enamora de él. Este triángulo y una tragedia darán a los habitantes de Big Eden la posibilidad de ayudar a dos de los suyos. (FILMAFFINITY)

Valoración cinéfila 7/10

Interesante película sobre las dificultades para aceptar el amor, cuando se está traumatizado por las pérdidas de la vida y por la no aceptación de la propia homosexualidad.

El protagonista, vuelve a su pueblo, y tiene que enfrentarse al reencuentro con su amigo de adolescencia, de quien estuvo perdidamente enamorado.  Tuvo que huir, para poder soportar esa pérdida amorosa y también, probablemente para vivir su homosexualidad, que pensó no sería aceptada por su familia acogedora (sus abuelos) (ya que los padres habían muerto).
Henry se ha convertido en un exitoso artista en Nueva York, y todavía no ha encontrado una pareja, pues huye de la posibilidad de ser amado. No soporta la posibilidad de una nueva pérdida traumática, como la vivida con sus padres y con su amado adolescente. (Algo que queda no dicho en el film, pero que se va desvelando con su trama)
En el pueblo, encuentra un ambiente nada homófobo, más bien al contrario. Que está dispuesto a apoyar a las personas peculiares (como todos aquellos que están siempre en la tienda, sin hacer nada, por ejemplo) y que hacen una transición, aparentemente sin dificultad, a la aceptación plena de la homosexualidad de sus vecinos, valorados por sus cualidades como personas, antes que por su orientación sexual.
Henry, el protagonista, se enfrenta a su amor adolescente, para encontrar que no tiene sentido esperar más tras 20 años de atadura interna, y poco a poco es ayudado a darse cuenta que hay otra persona que sí está dispuesta a quererle de verdad: Pike, el propietario de la tienda.
Pike se ha enamorado de él y de forma tímida y callada va dando pasos de acercamiento y cuidado, que son percibidos por su convecinos, y apoyados por ellos, pero no por Henry.
Hasta que Henry, también tímido  e inseguro,  es ayudado a desvelar su posición en la vida: la de seguir huyendo y ser incapaz de aceptar el amor, por miedo a ser querido de verdad. Esto coincide en el film, con la situación real de pérdida de su abuelo, lo que le deja huérfano definitivamente. Un momento de crisis que le abre los ojos a su propia situación de huida y acepta arriesgarse.
Esta situación de temer el compromiso por miedo a una posible pérdida afectiva, es bastante frecuente. Lo que hace que la persona se boicotee las posibilidades amorosas, y aparentemente nunca encuentre el verdadero amor, y permanezca atado a personas que son imposibles de conseguir, o que no le corresponden.
En el caso de este protagonista tuvo varias pérdidas que pudieron influirle en su temor a ser querido y poder volver a perder ese amor. Y por otro lado el hecho de su homosexualidad no aceptada, le llevo a vivirse como alguien sin confianza, sin autoestima profunda, sin apertura.
Le dirán una frase muy interesante que reproduzco, pues alienta a los que huyen a permanecer confiados y esperar: “Escucha. ¿Sabes que lo que dicen si te pierdes en un bosque? Que si te quedas quieto, parado en el mismo sitio, y no te mueves, acabaran por encontrarte. Yo tenía la esperanza de que esta vez te permitieras ser encontrado, tenía la esperanza de que nos dejaras encontrarte. Pero continuas deambulando, y no nos dejas.”

Película muy adecuada para percibir la homosexualidad como algo absolutamente positivo y deseable. Que si encuentra el apoyo de la familia y de la sociedad, no tiene que representar ningún problema. Y que los hombres gays pueden amarse tanto y también como cualquiera.
Y muy interesante para aquellos que sienten que no pueden encontrar pareja y tienden a boicotearse en el empeño.


viernes, 20 de febrero de 2009

Cuando la pareja se rompe

Toda relación de pareja, cuando llega a su fin, produce dolor, sensaciones de pérdida o abandono, cierto temor a la soledad. Llegado ese momento se debería intentar que la ruptura sea lo mejor posible, planteándola como una fase que “tenía que llegar”, pero que puede permitir a los dos integrantes de la pareja crecer, madurar, recuperar la libertad...y en el futuro, incluso, recuperarse como amigos, cuando las tensiones pasen y las emociones no sean tan fuertes.

La pareja debería tener en cuenta, casi desde sus inicios, que “lo más seguro es el adios” (parafraseando a Pedro Salinas) y que si tiene que suceder, es importante llegar a esa solución cooperando, dialogando. Nadie posee al otro; si se está juntos es por el mutuo deseo, por el mutuo amor.Si esto no se da, la disolución de ese vínculo puede ser necesaria.¿Por qué afrontarlo como una tragedia? Quizás sólo sea un paso más en la vida.
Es verdad que uno de los dos puede seguir “enamorado”, o crea que depende del otro para vivir y ser feliz. Pero si el otro no quiere seguir, a pesar de haberlo intentado, es mejor dejarle ir. ¡Qué dificil es dar esa libertad en la pareja! Cuando tendría que ser una idea que alimentara el amor de ambos, la idea de que la libertad y el crecimiento del otro son tan importantes como nuestra necesidad de amar y ser amados.
Es importante analizar el temor a quedarse solo, y la creencia de que sin la otra persona uno no es nada o no se va a poder vivir. Pues antes de esa relación existía la vida, uno podía tener iniciativas, actitudes, aficiones, que igual quedaron relegadas durante la relación con esa pareja.
Aunque nos lo parezca esa persona no es imprescindible. Muchas veces se puede argumentar que uno ha sacrificado su vida por el otro, o que ha perdido oportunidades por esa convivencia. En el caso de que fuera así, habría que poder hablar de compensaciones, incluso económicas (como se hace en los matrimonios cuando se divorcian o se separan).
Todo esto puede parecer muy racional y que rompe con la idea de una relación pasional amorosa. Pero es verdad que la pasión no debe impedir la razón y que el amor, que se instaura progresivamente en una pareja, no se basa solo en la ofuscación de un primer momento, que llamamos enamoramiento, sino en decisiones voluntarias relacionadas con la responsabilidad y el compromiso con el otro, que llevan a decidir vivir con el otro y a querer amar, cuidar y responsabilizarse del otro, como un compromiso voluntario. Este compromiso, que a veces se concreta en matrimonios y otras sólo en un pacto implícito de amor y de convivencia, es más racional que pasional.¿Por qué no hacer un acuerdo de disolución de la pareja, para proteger al más debil económicamente, o al que vaya a ceder derechos en beneficio del otro?
Por eso la disolución debería ser también más racional que pasional. Si no se busca el sentirse víctima, ni tampoco se quiere dramatizar en exceso.
Y entiendo que en casos de infidelidad, de maltrato físico o psicológico, es más difícil no caer en el victimismo. Pero aunque seamos verdaderas víctimas, la cuestión es no quedarse atrapados en ese lugar de forma indefinida y dolorosa, sino intentar quitar importancia, en la medida que curemos nuestras heridas. Y pasar página cuanto antes. Haciendo el duelo por la relación perdida y por todo lo que con esa pareja se deje atrás: personas, lugares, etc.
El perdón y las ganas de volver a disfrutar de la vida deben ser los motores que nos lleven a cerrar cuanto antes estas heridas. Y volver a confiar en los demás.
Habrá que aprender de la experiencia, para ver si se está repitiendo otra vez un tipo de relación que nos ha llevado de nuevo a un fracaso amoroso, y en ese caso habrá que analizarse, para ver porqué se “necesita” repetir estas experiencias, para ver como evitarlas.
Y para prevenir la soledad es muy importante no haberse aislado en esa relación, haber sabido conservar amigos, intereses personales, aficiones, que llegado el momento de la ruptura nos hagan de red de apoyos y de sostén para ese periodo de duelo que habremos de vivir.
Como consejo final, no obsesionarse con substituir enseguida a la persona perdida, pues se corre el riesgo de repetir la historia, o de no digerir la pérdida y no darse tiempo para confirmar la separación.

Libros:
La pareja rota, de Luis Rojas Marcos. Espasa.
Amar sin sufrir. María Jesús Álava Reyes. La esfera de los libros.
10 consejos básicos para el hombre gay. Joe Kort. Egales

Zero 115
escrito en Diciembre 2008

miércoles, 21 de enero de 2009

No ir de víctimas

A lo largo de cualquier relación, sea de amigos, familiar o de pareja, se producen conflictos, tensiones, situaciones injustas, olvidos de cosas importantes, desatenciones…Uno puede tomárselo de muchas maneras. Si la tendencia es a tomárselo en “plan de víctima” se va a sufrir, y se va a hacer sufrir, mucho. Veamos como evitar esos sufrimientos y los tipos de víctima que podemos vivir.

A veces podemos ser víctimas de algo que el otro nos hace o dice con maldad y con voluntad de herir; otras veces nos hace daño involuntariamente; en otros casos teníamos unas expectativas sobre su conducta que no se cumplió (teníamos deseos no expresados o necesidades que esperábamos que el otro adivinara). Sea el motivo que sea uno no tiene por qué quedarse en ese lugar de víctima en el que nos colocó el otro, (o nos colocamos nosotros), sino que puede, y debe, solucionar el dolor o el conflicto cuanto antes.
Para conseguir esto hace falta entrenarse y practicar una nueva actitud hacia nuestras emociones, para distanciarnos de lo que ocurre en ese momento.
Si me cabreo o me siento dolido, o me siento humillado o soy tratado injustamente…lo importante es tomar algo de distancia con uno mismo y poder darse cuenta de lo que está pasando con nuestras emociones, y también con las intenciones o emociones del otro. Muchas veces éste no nos ha hecho nada con deseo de dañar o con voluntad de provocar, sino que se ha limitado a actuar con su manera de ser. Y esa manera de ser puede ser egoísta, o descuidada, o poco empática. O tener un pronto de mal genio. Pero probablemente no sea nada nuevo, sino que sea conocido por nosotros, y en todo caso sea algo que viene en el lote con esa persona con la que hemos decidido relacionarnos.
Por tanto si mi pareja o mi amigo es de una manera, tengo que intentar conocerle, para pedirle que no me haga determinadas cosas que me duelen, y prevenir y limitar lo que sé que no puede cambiar. Y si soy yo el que no pide lo que necesita o desea, tengo que aprender a ser más claro y pedir activamente. Es decir, transformo mi posición de víctima (que es pasiva) en algo activo: le pido (lo que quiero que me haga y lo que no me haga), hablo con él o ella, intento encontrar soluciones, y en todo caso acepto concientemente que si no puede cambiar, no voy a darle demasiada importancia a su forma de ser, que me puede molestar o herir. Voy a aceptar la frustración de mis deseos o necesidades que no puede satisfacer. No voy a sentir que me quiere hacer daño voluntariamente, cuando no sea así, y voy a intentar compensar su conducta, sus carencias o su forma de tratarme.
Si es necesario le voy a poner límites, por ejemplo, alejándome si me daña, o mostrándoselo en el momento, como haríamos si alguien nos pisa sin querer.
Puede ser que creamos que por sentirnos mal podemos tener un poder: el de generar compasión o culpa en el otro…y ese no es el camino para que la cosa cambie.
Ir de víctima, puede ser la manera de llamar la atención del otro, que nos haga más caso, que nos quiera más. Pero al quejarnos y reprochar creamos en el otro una reacción contraria a la deseada; igual ni se lo esperaba, pues no creía habernos hecho nada, o le avergonzamos y culpamos de algo que considera injusto.
Maltrato
Puede ser que estemos atrapados de verdad en una dinámica de maltrato, por temor a perder el amor del otro o su presencia, y aceptemos el sufrimiento inconscientemente. Lo que no tiene sentido es quejarse del maltrato, verse una víctima impotente, y quedarse ahí, jugando un rol de sufrimiento. Es un modo de sentirse desvalorizado, no querido. Hay que identificar esa dinámica y ver si el otro nos quiere herir y nos aguantamos. Por eso es importante luchar contra esa situación y, si no podemos salir solos, debemos pedir ayuda, incluso de un profesional.

Algunas carácterísticas que favorecen la dinámica de maltrato
1.Sentir mucha dependencia del otro.
2.Tener miedo al abandono.
3.Sentirse desvalorizado por el otro y aguantar humillaciones.
4.Tener que ocultar la situación de insultos, amenazas o peleas, para evitar peores consecuencias.
5.Tener la vida muy controlada y no sentir libertad.
6.Sentirse una posesión del otro.
7.Depender económicamente o físicamente.
8.Sentirse culpable por cualquier cosa y justificar el mal comportamiento del otro.
9.Haber aguantado situaciones similares en la propia familia.
10.Creer que queriendo al otro y tolerando la injusticia, la cosa va a cambiar.

En algunos casos se llega a tolerar la agresión física y esa es una señal de alarma gravísima, pero en general es mucho más sutil y se acepta una sucesión de vejaciones, desprecios, rechazos, insultos, descalificaciones…que pueden ir a más.
No tenemos ni que ser víctimas de nadie por su mal carácter, ni tender a “ir de víctimas” como forma de comunicación con otros. Tenemos derecho a ser felices y a disfrutar de una vida sin violencia ni sufrimientos innecesarios. Así que manos a la obra.

escrito en septiembre 2007
publicado en Zero 101

martes, 25 de noviembre de 2008

Parejas serodiscordantes

Cada vez hay más parejas en las que uno es portador del VIH y el otro no. Son las llamadas parejas serodiscordantes. Algunas llevan más de 20 años juntas, y teniendo sexo seguro, permanecen sin contagio entre ellos. Actualmente el VIH/SIDA se ha convertido en una enfermedad crónica, gracias a los tratamientos cada vez más eficaces. Esto permite vivir una relación larga, sin estar obsesionados por las consecuencias de la enfermedad, y teniendo un sexo bastante completo,excepto por el mantenimiento de las precauciones para evitar un contagio.
El hecho de que uno sea seropositivo y el otro no, hace que se viva la relación de forma diferente. Quizás el que es seronegativo, puede sentir culpa, por su suerte, (es un fenómeno paradójico, pero frecuente: ¿por qué a mí no?), o sentirse responsable de cuidar al otro, y tenga miedo de que pueda desaparecer antes de tiempo. También puede sentir rabia, si su pareja se contagió en una relación con otro, y darle vueltas al riesgo de haberse podido contagiar al no haber usado preservativos en sus relaciones.
Ambos (aunque principalmente el seropositivo) van a tener que vivir las fases del duelo al conocer que uno está contagiado. Esto implica múltiples fases como momentos de negación, de rabia, de falta de aceptación, de confusión, de depresión, y por fin, de aceptación de la nueva situación. El compañero tendrá que estar a su lado y tolerar momentos malos, hasta que se pasen. Dar cariño, comprensión, y participar de todos los pasos que tiene que dar su pareja para enfrentarse a la infección: visitas al médico, análisis, búsqueda de información, contacto con grupos o asociaciones de apoyo, etc.
El seronegativo tiene que informarse para tener muy claros los riesgos de contagio y no exagerarlos, pero tampoco negarlos. Es muy normal que a causa del amor que se tengan, la pareja tienda, con el tiempo, a familiarizarse con el tema y no quieran asumir que hay riesgos, y que tienen que estar protegiéndose de ellos. Es verdad que la infección es como un tercero que estorba permanentemente los encuentros sexuales, pero que no va a dejar de estar ahí porque no se piense en ello. Hay que automatizar los hábitos de protección, para actuar, responsablemente, siempre; realizando sexo seguro. Que no haya excusas como que “estábamos bebidos” o “fue un calentón” o “ya estamos cansados de tantos cuidados”. (En caso de rotura de preservativo o de sexo con riesgo, existe un tratamiento llamado PPE (Profilaxis Post-Exposición), que debe comenzarse entre 6 y 72 horas tras la exposición al virus).
Puede haber un deseo inconsciente de contagiarse, por parte del seronegativo, como una forma de estar más unido al otro. En otros casos puede ser para así eliminar el temor al contagio y la tensión. Pero si ambos fueran seropositivos deberían evitar el contagiarse con otras cepas del virus, que pueden activar la enfermedad, o contagiarse de otras infecciónes de transmisión sexual.
Utilizar una barrera protectora no impide una entrega total. Esta entrega no tiene que incluir el riesgo a infectarse, innecesariamente.Se puede desarrollar una vida sexual plena a pesar de no realizar prácticas de riesgo. Es cuestión de cuidar la vida erótica, desarrollarla con fantasía y responsabilidad. (Y de hecho es lo que hay que hacer con cualquier posible pareja, pues de entrada no sabemos su estado serológico).
Cómo decir que eres seropositivo a tu pareja
¿Cuándo?¿cómo? se lo digo. Hay gente que lo dice en el primer encuentro con un desconocido, arriesgándose a que el otro le deje plantado. Pero muchos otros esperan a ver si la relación se consolida, pues no quieren divulgar esta información. De hecho muchos gays han tenido la mala experiencia de ver como se difundía que eran seropositivos en su ambiente, sin poder ejercer ningún control sobre dicha información. Y han visto como esto les causaban muchos perjuicios.
Pero el dilema es cuándo decirlo a la pareja, al ver cómo pasa el tiempo y no se hace nada y cada día que pasa se ve que se complica la cosa, pues ¿qué va a pasar cuando se le diga al otro? ¿Cómo va a reaccionar? El temor fundamental es al rechazo y que se corte la relación. Quizás el otro se lo pueda tomar como una traición, o una falta de confianza, o que no se le tuvo en cuenta y no se le consideró con derecho a esa información, que se le puso en peligro de contagio, etc.
Si el otro tiene unos sentimientos positivos, amor por esta pareja, y es medianamente maduro, cuando se entere generalmente lo aceptará. A veces basta un “¿y qué?”, como dando a entender que ya tenía claro que si se daba esa posibilidad no iba a tener ningún problema; o puede que pase por una fase de sorpresa y de confusión, pero que pronto lo digiera y lo asuma como algo que está ahí, pero que no va a fastidiar esa relación amorosa.
En general habrá que buscar el momento y la situación que permita poder controlar la posible reacción del otro. Que haya tiempo para hablar en profundidad. Que el sitio permita desahogarse emocionalmente (no hacerlo en un sitio público).Haberse preparado bien sobre la información médica a dar y sobre todo del pronóstico de la situación. Si ya hay que tener tratamientos, si hay otras infecciones añadidas, que precauciones tomar. Pero sobre todo tranquilizar, y aclarar al máximo que excepto por algunos pequeños cambios, la vida en común puede seguir casi igual.
No bastará con una declaración, sino que habrá que continuar hablando durante mucho tiempo de los temores mutuos, sean respecto a la enfermedad, a la relación, a la familia, a lo que sea. Ver posibles cambios en la vida de cada uno. Y estar preparados a ciertas tensiones hasta que la situación se encaje de nuevo.

agosto 2008
publicado en Zero 111

sábado, 31 de mayo de 2008

Irse a vivir juntos

La decisión de convivir no debe tomarse nunca a la ligera, por mucho enamoramiento que se sienta, pues si no se piensa y prepara bien, puede dar al traste con las esperanzas de que esa pareja dure y fructifique con los años. A veces es mejor seguir viviendo cada uno en su casa y darse tiempo para conocerse y adaptarse.

Al enamorarse uno idealiza al otro a partir de unas cuantas cualidades. Pero se quita importancia a otros aspectos que son muy importantes para convivir.

Mientras no se convive la relación se realiza en una sucesión de encuentros que se procura que sean felices, especiales, pero la convivencia implica compartir casi todo el día libre, una mayor dependencia, rutinas. Surgen nuevas responsabilidades como limpiar, cocinar, hacer la compra, el cuidar del otro, o planificar juntos muchas tareas. Y ahí surgen muchas posibilidades de vivir conflictos.

Por eso es necesario evaluar que se gana y que se pierde con la decisión de vivir juntos.

El nidito de amor se puede convertir en una prisión que ahogue y que haga odiar a quien más queremos, pues podemos vivir sus rasgos de carácter y sus hábitos como muestras de desamor. Y no tienen por que ser tales sino que esa persona actúe como era antes de convivir y no esté capacitada para los cambios que se le piden.

Algunas personas han vivido mucho tiempo solas y compartir su espacio les resulta una invasión intolerable. O les cueste mucho cambiar de hábitos: desayunar solos, uso del baño, poner música a su gusto, visitas de amigos o familiares, la decoración de la casa, el uso del teléfono o de la luz. Quizás necesiten tiempo a solas, con sus ritmos y su orden-desorden.

No se puede ir a convivir pensando que el otro se va a adaptar a mí, sino que la adaptación tendrá que ser mutua, y siendo realistas, teniendo en cuenta las características de cada uno, y su historia anterior de convivencias. No es lo mismo el que fue hijo único, que nunca compartió ni su cuarto, o el que tiene mucho egocentrismo y tiende a dominar.

Para algunos es fácil compartir cosas porque no les dan apenas valor. Otros pueden ser supermaniáticos con el cuidado de los objetos, con que nada se manche, se deteriore, o se rompa.

Convivir no se basa solo en un acto de buena voluntad, o de amor, sino que tiene sus propias reglas. Por eso no debe hacerse a ciegas y valorar si ambos van a poder tener mucho respeto al otro (su estilo de vida, sus necesidades, sus gustos), saber lidiar con los conflictos de intereses, ser tolerantes y generosos, y sobre todo dar libertad.

diciembre 2003
publicado en Zero 59

martes, 6 de mayo de 2008

Aceptar ser amados

Muchos gays dicen que no encuentran la persona adecuada de la que enamorarse. O si se enamoran, que la relación no puede durar, porque el interés y la atracción sexual desaparecen enseguida. Y no es porque no se esfuercen en amar a la otra persona, pero no les satisface y lo dejan. ¿Qué puede ocurrir?

Voy a contar el caso de Pedro. Un chico atractivo, con muchas cualidades intelectuales y físicas. Que se desenvuelve bien en el ambiente y no le cuesta trabajo ligar o llevarse alguien a casa. Pero no consigue que sus relaciones duren más allá de un par de meses. Y no deja de intentarlo, pero fracasa siempre. Cree, en el fondo, que los gays no servimos para crear parejas. Y que mejor se dedica a su trabajo, a su casa, a sus amigos. Piensa seguir aprovechando las oportunidades de tener sexo, cada vez que aparezca, pero no piensa ilusionarse de nuevo.

Su infancia fue la de un niño poco atendido por su padre, siempre ocupado en el trabajo y que prefería a su hermano menor, que le parecía más masculino, o al menos que compartía con el padre sus aficiones: fútbol, salir de caza, cosas así. Pedro estaba más apegado a su madre, y con más interés por actividades artísticas, toca un instrumento musical, es más sensible, expresa más sus rabietas y llora con frecuencia. Comparte con la madre ciertas confidencias que esta le hace, debido a su distanciamiento del padre, con el que desde muy pronto dejó de llevarse bien.

Pedro se siente muy obligado a contentar a su madre, y siente que ésta le asfixia un poco con sus exigencias de amor, de dedicación, y que ella está más interesada en sus logros artísticos o escolares, que en lo que verdaderamente le pasa. De hecho, él jamás le dijo que era gay, a pesar de lo mal que lo pasó en el colegio, intentando ocultar lo que sabía desde los 12 años. Por agradarle a ella, intento salir con algunas chicas, así como para ganarse la complicidad de sus compañeros, con los que mantenía cierta distancia emocional.

Pedro siempre se sintió rechazado por su padre y nada comprendido por él, y su madre le resultaba asfixiante. No se sintió, nunca, verdaderamente merecedor de cariño, por quién era, sino exclusivamente por sus logros académicos y por sus cualidades artísticas; y solo por su madre. Esto le llevó a crearse una idea inconsciente de que no merecía la pena intentar una relación duradera de amor con otro hombre, pues antes o después vendría el rechazo o la asfixia. (Se repetiría el rechazo vivido por su padre, o la asfixia y el exceso de demandas por parte de la madre).

Para él se convirtió la vida en un lugar sin posibilidad de recibir un amor reconfortante y placentero, que no implicara demasiados riesgos: el de ser rechazado o abandonado, y el de ser muy exigido. Eso no le impedía intentar enamorarse o amar a otros, pero ¿cómo tener éxito, si en lo más profundo de sus convicciones no podía creer en ello? ¿Si su experiencia, a lo largo de su desarrollo, fue la de que el amor auténtico no es posible?

Para muchos gays que han sufrido una falta de amor y una dificultad para tener una buena auto-estima y desarrollar la capacidad de quererse a sí mismos, es muy difícil el crear relaciones duraderas amorosas con otros hombres. La propia idea de que la homosexualidad es algo rechazable por los demás, les hace también rechazarse ellos mismos, y no esperar vivirla a través de relaciones amorosas duraderas, sino en todo caso a través del sexo, en relaciones sin profundidad afectiva, y muchas veces ocasionales.

Esta falta de creer en el ser queribles por sí mismos, les puede hacer rechazar profundamente la idea de que nadie va a quererles nunca de verdad, y no pueden confiar en encontrar una relación en la que verdaderamente reciban amor, cuidado, dedicación. Lo pueden boicotear, inconscientemente, llegando a provocar el rechazo del otro, de muchas maneras: por su frialdad o su desapego. O siendo ellos mismos los que abandonen precipitadamente la relación en una búsqueda de otra persona más idónea, más perfecta, que les dé algo que, no saben expresar, pero que no es lo que tenían con esta pareja, de la que se han desenamorado enseguida.

El haberse sentido poco amados de pequeños, o poco comprendidos, o incluso rechazados, deja una serie de estragos en la personalidad, entre los que se encuentra esta incapacidad para amar, pero sobre todo para recibir el amor que aunque se les dé, no pueden, inconscientemente, aceptar.

Zero 106
marzo 2008

miércoles, 23 de abril de 2008

¡Lo que tu digas, cariño!

Muchas parejas toman sus decisiones mediante una fórmula que puede ser cómoda durante un tiempo, pero a la larga va a crear diferentes problemas: uno de los dos cede siempre o casi siempre.

La anulación de los deseos y necesidades propios no es la forma de construir una pareja, ya que produce frustración, apatía, desvalorización y pasividad. A la larga mucho resentimiento.

Puede ser que esa apatía o esa pasividad provengan de una auto-desvalorización, lo que hace que uno no se crea con derecho a expresarse o pedir. Pero la frustración de los deseos se queda latente y favorece de nuevo la desvalorización y pérdida de autoestima.

Por supuesto que en una pareja sana hay que ceder, ya que no siempre se coincide en las ideas, necesidades o deseos, pero hay que llegar a esa cesión por consenso, con una actitud justa, sin mucha desigualdad, en la que nadie quede vencido, y que tenga contrapartidas amorosas: Cedo por que me quieren, y porque quiero al otro.

No puedo estar cediendo siempre, empobreciéndome personalmente, y sin recibir a cambio casi nada. La pareja debe ser fuente de crecimiento, de estímulos positivos, de apertura a nuevas posibilidades de expresión del propio ser. Si solamente nos estamos coartando, no vamos a ningún sitio juntos.

Las causas pueden ser el temor al abandono del otro, o a su violencia, o a su carácter rígido o dominante. La tendencia a evitar conflictos, porque no se pueda soportar las tensiones o gritos. O, a veces, es una creencia en que al ceder uno es más “bueno” o más feliz. Pero insisto que no puede ser siempre a costa de uno solo.

Algunos ceden para no tener que mojarse y tomar sobre sí las responsabilidades. Si algo no sale, la culpa será del otro.¡Qué cucos!

octubre 2003
Zero 57


domingo, 13 de abril de 2008

Actuando para el cambio . 6

Apostatar de la fe cristiana

Una de las posibilidades que tenemos de hacer saber a la Iglesia que no estamos de acuerdo con su postura ante la homosexualidad es apostatar.
La apostasía consiste en informar a las autoridades de la Iglesia que ya no queremos seguir formando parte de ella, si es que fuimos bautizados.
A través del bautismo entramos a formar parte de sus registros y estadísticas, lo cual es para siempre, aunque ya ni practiquemos, ni creamos en lo que ellos postulan.
Esto tiene importancia, pues les quita la legitimidad de representarnos socialmente, de que se sientan apoyados por nosotros, y desde el punto de vista personal implica una toma de postura activa hacia esta Iglesia que nos hace tanto daño.
Generalmente ponen muchas pegas para aceptar la apostasía, por eso es bueno informase de los trámites y de los recursos disponibles. Anoto dos páginas muy interesantes:
http://www.apostasia.es/
http://www.pepe-rodriguez.com/Cristianismo/Apostasia/Apostatar_formulario.htm

Otra posibilidad de hacer saber a la Iglesia que no queremos colaborar con ella, es no marcar la casilla de la declaración de la renta de los fondos destinados a la Iglesia y sí la de otros fines de interés social. (En el caso de España) A veces, si nos hacen la declaración, muchos gestores marcan esa casilla, y nos lo dan hecho, como si no fuera a importar. En ese caso tenemos que decirle previamente que no lo queremos así, y si es necesario que la vuelva a imprimir sin dicha marca.

Si eres creyente y no quieres renunciar a la fe, al menos hazle saber a tu párroco, y tu obispo, que no estás de acuerdo con la postura actual de la Iglesia, que es lesiva para los creyentes y no creyentes, que favorece la homofobia social y los ataques contra las lesbianas y gays, y hace sufrir a muchas personas que siguen tomando en cuenta su doctrina, tanto a personas LGTB, como a sus familiares.
Podrías pedir una entrevista personal, o escribir una carta, haciéndolo solo o de forma colectiva.

domingo, 24 de febrero de 2008

Grupo de madres y padres LGTB en Sevilla

Defrente, convoca la creación de un grupo de madres y padres LGTB en Sevilla.
La idea es tener un espacio para compartir experiencias personales como madres y padres, y futuros padres y madres. Poder darle a nuestros hijos e hijas posibilidades de socializarse con otros niños y familias que están en la misma situación. Y encontrar soluciones a problemáticas relacionadas con nuestras familias homoparentales.
Trataremos temas como la salida del armario ante los hijos, relaciones con la familia extensa, problemática escolar, estrategias educativas contra la homofobia, adolescencia, temas de adopción, temas legales y la relación con el movimiento LGTB.
Organizaremos actividades para los niños, encuentros amplios, charlas sobre temas de educación, psicología, etc.

El coordinador seré yo: José Ignacio Díaz Carvajal

El correo electrónico es de: defrente_familias@hotmail.com

lunes, 24 de diciembre de 2007

Familias homoparentales

Las familias homoparentales son cada vez más visibles, aunque siempre hayan existido. Muchos gays y lesbianas han tenido hijos o los adoptaron, y los criaron solos o en pareja. Cuando no había las condiciones legales apropiadas. Hoy día, con las leyes del matrimonio de personas del mismo sexo, de adopción y de reproducción asistida, la realidad homoparental ha mejorado mucho, y muchos son los que están realizando su maternidad y paternidad.
Tendría que ser algo que todos nos lo planteáramos, aunque pudiera ser para descartarlo tras cierta reflexión. Pero no negarnos el derecho a pensarlo en serio.
No somos personas de segunda, y tenemos el derecho a crear una familia con hijos propios o adoptados. Pero la homofobia internalizada nos inclina a no considerarnos aptos para ser madres y padres. Sobre todo los hombres. Nos vemos más lejos de ser padres, al tener muy metido en nuestra cabeza el mito de que un niño necesita una madre, o que son las mujeres las únicas capacitadas para criar.
El amor y la capacidad de criar hijos no están en los genes femeninos; sobre todo es algo que se aprende socialmente. En la educación de los varones, no se nos inculca la idea de criar a los hijos, como sí se hace con las niñas, aunque cada vez tenemos más ejemplos de varones que crían a sus hijos. Y es cuestión de aprender.
Muchos jóvenes, lesbianas y gays, se están planteando, cada vez más, como algo natural que tendrán hijos en un futuro, y que eso forma parte de su desarrollo como personas. Pero hasta época reciente muchos gays ni pensaban que la pareja estable fuera posible; menos aún pensaban en poder ser padres. Su vida era como una eterna adolescencia, sin tener que madurar en sus relaciones.
Mientras que las lesbianas tienen la posibilidad de tener hijos biológicos, los varones tenemos que adoptar, o criar hijos de una relación heterosexual anterior. Algunos están llegando a acuerdos con amigas para tener un hijo compartido, aunque cada uno tenga su pareja. Se crea una especie de familia reconstituida en la que los padres se hubieran separado y volvieron a unirse a otras personas.
Con el aumento de la visibilidad de las muchas familias que ya hay, y las que se vayan creando, habrá más modelos y se conocerá mejor socialmente, lo que disminuirá el rechazo social y el auto-rechazo a nuestras familias. Las que predominan son familias homomaternales (80%) frente a las homopaternales (20%) (Cifras aproximadas)
Los encuentros de familias homoparentales con sus hijos son importantísimos como forma de encontrar apoyo, modelos, visibilidad en un espacio seguro y para que la sociedad nos vaya teniendo más en cuenta.
Hay todavía mucho por hacer, aunque se ha avanzado bastante. Lamentablemente la Iglesia y las fuerzas reaccionarias lo han tomado con el tema de la adopción por gays y lesbianas y se escuchan voces terribles en contra de nuestra maternidad-paternidad, como si fuéramos auténticos monstruos, pervertidos y destructores de la familia; que le robamos a nuestros hijos su “derecho a una familia normal”, como si una familia homoparental no fuera sana, y como si hubiera un derecho natural a tener dos padres de distinto sexo, cuando cada vez se cumple menos. Nadie se escandaliza de que una viuda críe a sus hijos, de las familias reconstituidas o de hijos criados por abuelos.
No se tiene en cuenta lo importante: la capacidad de dar amor, protección, seguridad, cuidados, educación…que en general tenemos en la misma proporción o más que cualquiera, no son cualidades ligadas a la orientación sexual. Y quizás, por tener que ir contracorriente y pensarlo más, en general nuestras familias pueden ser hasta mejores, más deseadas, más cuidadas, y ser espacios seguros para esos niños, en el caso de que fueran gays o lesbianas. Algo que no han sido para nosotros nuestras familias heterosexuales.
Tener hijos lleva a tener que salir del armario ante ellos, ante la sociedad que nos rodea, ante el colegio, y curiosamente las familias homoparentales acaban convirtiéndose sin pretenderlo en verdaderos activistas de la causa LGTB y punta de lanza de transformación social. El tener que defender a nuestros niños del posible rechazo social por estar criados en nuestras familias, implica intervenir en diferentes instancias: la familia extensa, el colegio, clubes... Implica luchar para conseguir que tengan los mismos derechos que los demás niños, en una sociedad homófoba. Y este es nuestro reto: conseguir una sociedad más diversa y mejor.


Direcciones útiles
www.familieslg.org
Associació de famílies lesbianes i gais. Grupo catalán que defiende los derechos de las familias homoparentales y organiza reuniones para difundir la igualdad y la diversidad y aportar ayuda y encuentros a las madres y padres que quieran. Es importante encontrarse con otras familias, lo que permite a niños y niñas y sus madres y padres, socializarse en un ambiente seguro, con otros pares que tienen las mismas circunstancias. Hay muchos enlaces y bibliografía, (que aunque en catalán, puede existir en castellano).
www.felgt.org
La FELGBT, Federación estatal de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales, tiene un área, dedicada a nuestras familias, y se pueden encontrar en su web materiales muy interesantes. También puede permitir contactar con ellos y localizar asociaciones cercanas que lleven el tema de familia.

noviembre 2007
Zero 103

martes, 20 de noviembre de 2007

¿A casa por Navidad?

La Navidad es una época en la que la pareja gay se pone a prueba. Los diversos conflictos y situaciones familiares que se le pueden presentar obligan a sus integrantes a tener que tomar algunas decisiones: si van de visita a casa de sus padres, dejando sólo al compañero; si van juntos como pareja; si siguen fingiendo que son sólo compañeros de piso o buenos amigos...
Estas decisiones implican a los dos, y no se deben zanjar con: “es mi familia y a ti eso no te incumbe”; pues si que afecta a ambos, y mucho. En un ambiente de diálogo se pueden encontrar las mejores soluciones para cada uno y para la pareja. Teniendo en cuenta que la familia actual es la formada con el otro, y es a la que hay que dar prioridad. Aunque la sociedad no la reconozca. Es la familia de elección ( que se amplia con los verdaderos amigos). Con esta familia es con la que hay que pasar la Navidad, y con los miembros de la familia de origen que nos acepten de verdad y nos quieran.
Todos necesitamos el apoyo de nuestros padres y hermanos, y cuando no se tiene, vamos cojos por la vida, e inseguros, hasta que nos recuperamos de dicha carencia. Por eso es tan difícil prescindir de ellos, incluso cuando nos hacen daño. Tenemos que aprender a crecer siguiendo el propio camino. Aunque les perdamos durante la marcha.
Para muchos gays fue necesario alejarse de la familia para poder vivir su homosexualidad, y es posible que aún no hayan dicho nada en casa. Reencontrarse en familia puede ser fuente de tensión, de nuevas mentiras, de pasar un mal trago, sintiendo que hay que negarse de nuevo; para poder, así, disfrutar de esos “días que hay que pasar en familia”. Obligatoriamente, por que la sociedad presiona para que sea así.
Por eso para mucha gente, gays o no, estos días son deprimentes, pues evidencian un vacío familiar, una falsedad, un desamor, que los hacen insoportables. Sobre todo rodeados de gente que se empeña en que la familia es lo mejor y que eso es lo adecuado y normal.
Un de las políticas típicas en casa es: “mejor que no digas nada de tu vida y pasemos la fiesta en paz”. Esto hace un daño tremendo a la propia autoestima. Hace sentir que uno no tiene los mismos derechos que los demás, que es culpable de algo, y que, encima, les puede hacer daño simplemente “siendo el que uno es”. Por que se ama a otro hombre.
Por eso merece plantearse si ya es hora de salir del armario ante ellos. Que no pase otra Navidad de ocultación y de falsedades. Ya que puede ser preferible ni siquiera ir a ese simulacro de familia feliz.
Por supuesto que no creo que haya que salir del armario en plena comida de Navidad, y menos delante del novio, al que se ha presentado como “un amigo que estaba solo ese día, y me lo he traído”. Habría que hacerlo con tiempo y permitir que la familia reaccione y lo pueda digerir.
Y no estaría de más que este año, si la cena de Navidad o la comida, se hacen normalmente en casa de uno de los hermanos, se propusiera hacerla en la propia casa. No dar por hecho el no. Ni tampoco que les vaya a parecer mala idea. Si es así que se aguanten o que lo digan. Pero no hay que estar considerándose como de una especie inferior, por vivir una forma de relación diferente, que quizás es más amorosa y verdadera que la familia de origen.

octubre 2002
Zero 46

viernes, 9 de noviembre de 2007

Sobrevivir al desamor

Cuando se corta una relación y todavía seguimos amando, se vivencian momentos de un vacío terrible y de una soledad y un abandono que a veces nos hace plantearnos que no merece la pena seguir viviendo. Mucha gente, incluso se plantea el suicidio, más como una idea con la que jugar en la mente, que como algo a realizar.
Pero la vida sigue, y si tenemos una red de amigos de verdad, todo es mucho más fácil. No tenemos porqué sentirnos tan solos, ni tan abandonados. Y lo que toca es hacer el duelo por el ser querido perdido. Es decir tenemos que desligarnos de esa persona, rehacer nuestra personalidad sin él, resituarnos ante el mundo de esta nueva manera, y si es posible aprovechar ese momento de crisis para crecer en autonomía y en libertad. Muchos de los sentimientos que se tienen provienen de la dependencia hacia el ser amado, de lo que habíamos “puesto” en él y que ahora se ha perdido. Es como si perdiéramos una parte de nuestro ser que se ha ido, y que tenemos que recuperar. A veces son funciones que delegamos en esa persona (decisiones de salidas, de sitios a donde ir, de la forma de quedar con amigos, de tareas hogareñas). También perdemos la vitalidad que nos aportaba, la ilusión por las cosas, el propio estado de enamoramiento compartido y correspondido.
Para muchos es sorprendente como van poco a poco recuperando capacidades que durante el tiempo que se estuvo en pareja, parecían que no se tenían o que se perdieron. Capacidades que se fueron dejando atrás porque al otro no le gustaban mucho, o porque no se podían compartir con él. Sobre todo las personas que tienden a ceder por su carácter más dócil o bondadoso, o que evitan conflictos cediendo.
Recuperar autonomía es importante para no volver a caer en una relación que tenía un estilo muy dependiente, y para sentir que la vida tiene sentido en sí misma, sin tener que estar siempre con alguien. Por eso es bueno darse tiempo para reconstruirse y no caer en un enamoramiento-parche, que tape el agujero dejado por el otro, sin que nos solucionemos por dentro.
La vivencia de desvalorización producida por el abandono hace que muchos se vean feos, viejos, sin futuro, sin atractivos ni cualidades. No es la hora del gimnasio, ni del lifting, sino la de reencontrarse con uno mismo, saber lo que se quiere en la vida, sentirse a uno mismo plenamente, estar orgulloso de levantarse por las mañanas y respirar. De contemplar la naturaleza y sentirse uno con ella y sentirse un ser cargado de sentido, de personalidad, de cualidades y defectos que merecen la pena vivirse y mejorarse.

Diciembre 2003
Zero 60

sábado, 13 de octubre de 2007

Testamento

Pensar en morirse no es una de nuestras actividades preferidas, pero es una eventualidad a tener en cuenta cuando se vive en pareja, pues podemos dejar al compañero en una situación verdaderamente compleja si fallecemos y no hemos hecho testamento a su favor. Entre otras cosas pueden echarle de la casa común si no estaba a su nombre e incluso puede perder sus pertenencias si nuestra familia no accede a entregárselas.
Una de las maneras que tiene cualquier pareja para demostrarse el compromiso, los deseos de cuidar al otro, y el amor es a través del testamento. Hasta ahora no tenemos prácticamente más que el registro de parejas de hecho, para demostrar nuestro compromiso y obtener mínimas ventajas legales. En un futuro parece que existirá la posibilidad de una unión legal. Pero siempre hubo y habrá la posibilidad de hacer testamento para aclarar a quién van los pocos o muchos bienes que se tengan, y que hoy por hoy, si uno no tiene hijos, van, en caso de fallecimiento, a los padres, únicos herederos forzosos.
Actualmente, solo una parte se puede legar a la pareja, en caso de que los padres vivan, pero al menos esa parte puede garantizarse al posible “viudo”. Y así evitar situaciones, a veces, terribles.
El amor no solo se demuestra con gestos cariñosos, sino también con previsiones de tipo económico, como ésta.(O un buen seguro de vida a nombre del otro). El problema del testamento es que toca nuestro miedo a la muerte y a hablar de ello y nos ataca el narcisismo, pues no nos gusta sentirnos vulnerables o frágiles, y ver que podemos morir de improviso.
No sé como quedará el asunto del matrimonio con las nuevas leyes que puedan salir en los próximos tiempos, pero mientras tanto (y, siempre, para los que no quieran uniones legales) el testamento es una posibilidad simbólica de declarar la importancia del vínculo con nuestra pareja, y de hacerlo sólo en la intimidad, si ese es nuestro deseo.

Abril 2004
Zero 64

Ha pasado tiempo de este artículo y ya es posible casarse y en parte se soluciona el tema de heredarse, pues se han ganado algunos derechos. Pero para el resto de las parejas sigue valiendo esta reflexión. Y para los paises en dónde el matrimonio es ilegal.

Expresión de los sentimientos

Los gays seguimos teniendo una asignatura pendiente con los sentimientos, pues como varones que somos hemos ido incorporando una serie de formas de ser que nos llevan a relegar a un segundo plano el reconocimiento y la expresión de nuestro mundo interior. Preferimos centrarnos en parecer fuertes y seguros. Siendo además la emotividad un rasgo asignado a las mujeres, con lo cual pasa a ser diferenciador con ellas y prohibido en la educación del varón.
Hay gays que creen que tenemos mayor sensibilidad o capacidad de expresión sentimental, por el hecho de ser homosexuales, pero esto es más que dudoso. Puede ser que haya una identificación con la sociedad, en su rechazo, que nos ha puesto encima un estereotipo: débiles, sensibleros, llorones, “locazas”, “nenas”...
La pluma o identificación con lo femenino, no nos hace estar más conectados con los verdaderos sentimientos profundos de uno mismo. Y tampoco nos cualifica mejor para expresarlos. El histrionismo de algunos, o su sensiblería, no necesariamente muestra lo que sienten. Puede ser incluso una gran fachada que les oculte ante los demás.
El varón tiende a no hablar de ese tipo de cosas. Le da más importancia al actuar que al hablar sobre sentimientos. Expresar sentimientos le hace sentirse vulnerable ante el otro. Mostrar un flanco a través del que ser atacado. Lo que lleva a querer pasar por alto determinadas situaciones conflictivas. Y al no solucionar los conflictos menores, mostrar una irritación inespecífica, que le lleva a estar malencarado, molesto con cosas que no vienen a cuento, o querer evadirse y huir.
Esto llevado a la convivencia de una pareja gay (entre dos hombres por tanto) la hace más complicada, pues quizás ninguno actúe de facilitador de esta comunicación, y se dé un estilo de relación en la que no se diga casi nunca lo que verdaderamente se siente y cómo se ve la marcha de la pareja; de cómo se ve el proyecto común; de la salida que se piensa a los conflictos que se estén viviendo o ver cual es la mejor actitud ante ellos.

Rara vez se quiere tomar el toro por los cuernos, pues afrontar este diálogo sobre lo que preocupa, lo que se teme, lo que se desea, es prácticamente imposible. Implicaría primero reconocer todas esas cosas para uno mismo, y ese tipo de pensamiento sobre lo que se siente y sobre lo que pasa interiormente es evitado. Asusta.
Además de la educación, hay un serie de causas que inhiben la expresión de los sentimientos como son: el temor al rechazo del otro y a su posible abandono; la falta de seguridad y confianza en uno mismo; la expresión brusca y desproporcionada que suele traer malas consecuencias (y por tanto llevan a evitar repetirlo y frenan un nuevo intento, creando un verdadero círculo vicioso).
Todo esto lleva en la pareja a que las tensiones se resuelvan periódicamente con salidas que no impliquen hablar. Por ejemplo un fin de semana romántico, donde se tengan relaciones sexuales a todas horas, donde se pasen horas haciendo cosas divertidas: bailar...y donde se logre una “reconciliación” que no implique reconocer causas del conflicto, ni siquiera la existencia de dicho conflicto.
Lo mejor sería aprender a reconocer lo que se siente , aceptarlo e intentar expresarlo a las personas adecuadas, sobre todo a la pareja. Si tengo rabia expresarla en el momento, (no guardarla y pagarlo en el momento inadecuado o con la persona inadecuada). Expresar si tengo tristeza o alegría, si es agradecimiento o desilusión, si es temor o confianza. Utilizar los sentimientos al servicio de la comunicación en la pareja, y no lo contrario.

Abril 2003
Zero 52

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Bibliografía básica sobre psicología y parejas gays y lesbianas

La experiencia homosexual. Para aprender la homosexualidad desde dentro y desde fuera. Marina Castañeda. Paidos. 1999
La nueva homosexualidad. Marina Castañeda. Paidos. 2006
10 consejos básicos para el hombre gay. Joe Kort. Egales. Madrid 2005
Cómo se vive la homosexualidad y el lesbianismo, Sonia Soriano Rubio. Amarú ediciones, Salamanca 1999.
Hasta en las mejores familias. Todo lo que siempre quiso saber sobre la homosexualidad de sus hijos, familiares y amigos pero temía preguntar.Jesús Generelo. Egales 2004.
¿Entiendes o qué?, Terry Sanderson . Mondadori (Mitos autoayuda) Barcelona, 2001
Más que amigas. Jennifer Quiles. Plaza y Janés. Autoayuda. Barcelona 2002.

Sobre temas más generales y sociales:

Homografías. Ricardo Llamas y Francisco Javier Vidarte. Espasa. 1999.
Extravíos. De los mismos autores. Espasa. 2001 (agotado, descargable gratuitamente en pdf en la página de www.hartza.com )
Reflexiones sobre la cuestión gay. Didier Eribon. Anagrama.. Barcelona 2001.
Para entendernos. Diccionario de cultura homosexual, gay y lésbica. Alberto Mira. Ediciones la Tempestad. Barcelona 1999
Una historia natural de la homosexualidad. Francis Mark Mondimore, Paidos contextos. Barcelona. 1998

domingo, 16 de septiembre de 2007

¡Si tú me dices ven...lo dejo todo!

El enamoramiento es de los fenómenos que más nos pueden trastornar en nuestra vida. Hay gente que decide casarse sobre la marcha, o irse a vivir juntos, sin haberse dado tiempo a conocerse mejor.
Para algunos es tanta la necesidad de encontrar a alguien, de sentirse plenamente queridos, de encontrar sentido a su vida a través de una relación, que en cuanto se enamoran empiezan a dar pasos en falso, que luego les llevan a decisiones totalmente precipitadas. Y las más llamativas son las de dejar el piso propio y meterse en el del recién conocido, irse a vivir con el novio a otra ciudad, o abandonar incluso el trabajo, para aventurarse a una nueva vida con el amado, en un rapto de pasión y locura transitoria.
Lamentablemente el enamoramiento no es garantía de que una relación vaya a buen puerto. Ponemos demasiadas atribuciones en el otro que son nuestras y no de él o ella (su orden, su honestidad, su fidelidad, su bondad, su diligencia, su capacidad de cuidar…).
Por eso es tan importante darse un tiempo de prueba, de noviazgo (en el sentido antiguo de la palabra), para conocerse, para que se disipe algo el delirio del enamoramiento, ese espejismo que nos hace creer que hemos encontrado el paraíso en la tierra, la persona anhelada, la solución a nuestros problemas, el sentido a nuestra vida…
En ese tiempo podremos ir conociendo los aspectos negativos del otro que no hemos percibido al inicio, (su egoísmo, su falta de ternura, sus manías, su tendencia a los celos patológicos, su agresividad o incluso maltrato…) y ver si el amor puede ir construyéndose en esa relación, si puede tener consistencia un proyecto en común, si hay madurez suficiente para sostenerla en los momentos de crisis.
No podemos dejarnos arrastrar solo por la ilusión del principio, o por el deseo y el buen sexo. Si sale mal podemos sufrir muchísimo y durante mucho más tiempo de lo que dure la felicidad inicial.
Dejarlo todo puede parecer una valentía, pero las más de las veces puede ser una idiotez. Sacrificar lo propio, para embarcarse en algo que puede zozobrar con facilidad.
Acabar de náufrago es peor que permanecer un poco más de tiempo preparando el viaje.

Vivir intensamente no impide cuidarse o prever los batacazos. Y muchas veces son personas que no pueden vivir su independencia, las que más inclinadas se sienten a entregarse totalmente, porque no saben vivir su propia vida.
Algunas sugerencias
• Tomarse un poco más de tiempo antes de precipitarse con cambios importantes: dejar un trabajo, una ciudad, una vivienda…
• Tener en cuenta que el enamoramiento inicial dejará paso a una época de mayor conocimiento del otro y de rutinas, que nos permitirán decidir mejor.
• Convivir un poco antes de mudarse a vivir juntos definitivamente.
• Tener en cuenta fracasos anteriores, para ir con pies de plomo y valorar si no estaremos repitiendo de nuevo un patrón que nos lleva a estrellarnos.
• No solo debemos guiarnos por nuestros sentimientos. La razón debe ayudarnos a valorar los pros y contras de nuestra decisión.
• No cegarse a temas evidentes como que nuestra pareja bebe en exceso, o se droga, o es violento, o inconstante, o tiene una gran historia de infidelidades…Porque lo amemos no va a cambiar.
• Especial cuidado si esta relación es la primera tras muchísimo tiempo anhelando una.
• Tener previstas salidas si todo falla.
• Una relación no debe ser “la solución” a nuestros problemas vitales.

mayo de 2007
Zero nº 98

domingo, 24 de junio de 2007

¿Dónde vamos de vacaciones?

Tomar decisiones es cosa del día a día en la pareja: si se sale el fin de semana, si se va al cine, si se compra un mueble, quién prepara la comida...y esto exige aprender a dialogar y a negociar lo que nos interesa; aprender a reconocer los propios deseos y necesidades, y aprender a expresarlos sin temor.
Algunos delegan ciertas decisiones por pura pasividad. Muchas veces justificándolo en que no tienen preferencia o no tienen tiempo para buscar. Cuando lo que hacen es someterse para evitar conflictos que no saben manejar. Quizás por el tipo de carácter del otro, que pueda ser muy obstinado o agresivo o dominante. Quizás por una actitud de renuncia a los deseos propios por autodesvalorización o por cierto nivel de depresión (que puede estar enmascarada).
En la pareja hay muy a menudo conflictos entre los deseos y necesidades propios y los del otro. Por eso, para que la pareja funcione mejor, es importante reflexionar sobre el nivel de satisfacción de esos deseos y necesidades, para que no sea siempre el mismo el que ceda, o que incluso para ciertas cosas se busque satisfacción por fuera de la pareja.
Si para uno es muy importante irse a escalar montañas y para el otro lo que necesita es refugiarse en una casa de campo, para cocinar, pasear y leer, quizás no puedan pasar todas las vacaciones juntos y tengan que buscarse otros compañeros para sus planes, y reducir a un mínimo común que les permita pasar unos cuantos días juntos.
El sentirse libres para alejarse en vacaciones, oxigena a la pareja y permite que las vacaciones cumplan mejor su objetivo de recrearnos y darnos nuevos bríos para el resto del año. No solo para trabajar sino también para continuar creciendo en la convivencia de pareja.
En la pareja nunca hay que imponer. Y sólo a veces hay que renunciar o ceder. Pero sobre todo hay que hacer sentir al otro que se está juntos para disfrutar de la vida, para crecer, para sentirse mejor que a solas. Y esto es raro que se pueda conseguir con coerciones, o con actitudes muy pasivas.

mayo 2004
Zero 65

Convivencia de vacaciones

Tras las vacaciones de verano aumenta el número de separaciones y divorcios. Se cree que es debido a la tensión que se acumula durante esos días de convivencia forzada, que acaban por dar al traste con esa pareja, ya deteriorada.
El ocio no tiene que relajar ni unir a la pareja, porque no se trabaje. De hecho hay personas que se agobian si no tienen nada que hacer. O que soportan mal la convivencia 24 horas con el compañero o compañera, sin la interrupción que suponía el irse a trabajar. Teniendo que decidir montones de cosas fuera de la rutina habitual (excursiones, compras, salidas, comidas, encuentros o alguna situación difícil como un robo) que ponen a prueba el carácter de ambos, y el encaje entre ellos. La falta de iniciativa, o el ser muy pasivo, o el no tener espíritu de aventura, no tienen por qué crear problemas en el día a día, pero sí en una situación de un viaje de vacaciones.
Para los que no conviven habitualmente, es un momento de prueba, que si no sale bien puede poner en crisis a esa pareja. Y sobre todo a los que viven en ciudades o países separados y cogen con muchas ganas y expectativas ese encuentro veraniego. Si apenas se conocían pueden llevarse una desilusión al ver que las cosas no funcionan como esperaban. Por ejemplo por que al otro le guste disfrutar mirando o coqueteando, por su forma de ser, y se cree una situación de celos.
Irse de vacaciones es fuente de relax si se sabe hacer y si se va a un entorno conocido y con alguien conocido. Lo nuevo siempre crea tensión e incluso miedo. Mejor es no olvidarse de esto y tomarse las cosas con mucha calma y sin crearse unas enormes expectativas .


julio 2004
Zero 67